Titulares y Suplentes

Generalmente, los deportes colectivos cuentan con titulares y suplentes. Estos suplentes generalmente están en la “banca” y les tocará jugar si, a juicio del entrenador, es necesario. Generalmente también, estos jugadores no están en la banca por una situación estratégica, están ahí porque no son mejores que los titulares. Por lo tanto se crea en ellos un sentimiento de “normal resignación” que le indica que tendrán oportunidad de entrar a la cancha si el equipo ha sacado una notable ventaja y queda el último minuto de juego. Otra posibilidad para que un jugador de la “banca” entre a la cancha, es que alguno de los titulares se lesione o sea expulsado por faltas personales. Los jugadores que ocupan la banca, casi nunca comienzan un partido. Ellos están para cubrir las espaldas de las “estrellas”, para agradecer si los titulares les “obsequian” el derecho a jugar. No debería ser así (y sinceramente espero que sea una práctica en retirada) en el medio escolar, sobre todo si entendemos el deporte escolar como un medio para vivir y practicar la democracia, la igualdad de derechos y oportunidades. Si esto no es así, el deporte escolar sólo es una réplica del deporte de competición de alto rendimiento y ya sabemos cómo se vive el deporte en esas condiciones. Intento graficar de esta manera dos conceptos que reflejan la actual problemática educacional que presenta nuestra sociedad: la formación humana y la capacitación. En resumen, dice la cruda realidad, nos hemos capacitado muy bien en distintas áreas del conocimiento y dominamos profesiones con alto poder tecnológico pero hemos dejado de lado nuestra formación en valores. Se supone que el deporte debería enfatizar este asunto de los valores: respeto, amistad, democracia, igualdad de derechos, empatía, etc. Pero, ¿lo hacemos? ¿Usted como entrenador alguna vez comenzó un encuentro competitivo con los jugadores de la “banca”? ¿Se preocupa que SIEMPRE jueguen todos? Si usted ha hecho esto, usted ha dado énfasis a la formación humana, es decir, le preocupa menos el resultado de una competición y se preocupa más por la participación democrática, de tal manera que todos puedan decir que han sido considerados sin importar sus diferencias, capacidades o habilidades deportivas. De no ser así, a un niño se le hace difícil entender los conceptos de justicia, equidad e igualdad y, consecuentemente, difícil de aplicar en la vida adulta lo que no vivió en la infancia.

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