Capacidades y habilidades motoras

Las capacidades físicas, fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad son reconocidas como el potencial biológico que nos caracteriza como especie y que utilizamos para el desarrollo de las habilidades motoras (reptar, gatear, caminar, correr, empujar, traccionar, cargar/transportar, subir/bajar, saltar/caer, lanzar/recibir y que forman parte de la filogénesis del ser humano.

EDUCACIÓN FÍSICA DISRUPTIVA

EDUCACIÓN FÍSICA DISRUPTIVA

PRESENTACIÓN

Lejos de todo protocolo cientifico,  que el mundo académico reconoce como válido en asuntos  del mismo orden, es decir, escritos académicos, el presente libro es, en gran medida, producto de reflexiones e ideas que buscan repesentar una visión disruptiva de la educación en general y de la Educación Física en especial. De ahí que gran parte de estas ideas y reflexiones carezcan de absoluta objetividad. El texto no obedece a un carácter científico o de pretensiones académicas; no encontrará en este documento profundidad en el análisis y discusión conceptual, ni mucho menos animo de establecer orientaciones paradigmáticas ni pretensiosas verdades.

Mi invitación sugiere una mirada rupturista, pensando especialmente en el rol que le cabe a la escuela como formadora de ciudadanos libre-prensadores, críticos y autónomos. Lejos de la mirada mecanicista, objetiva, militarista y domesticadora, invito al lector a navegar por el mar de la incertidumbre, de la indefinición, donde todo puede ser posible y donde, especialmente, la mente se libere de caminos conocidos y teorías aprendidas de memoria. Ha sido un viaje con muchos tropiezos, pero sin duda que en cada tropiezo hemos aprendido algo. No hay aprendizaje sin errores, ni errores que no enseñen nada. Por último, o mejor dicho, comenzando, espero que para ustedes sea un viaje provechoso, nunca se sabe que puede resultar de una lectura, pero por lo menos, no podremos decir que no lo intentamos. Mi satisfacción será si en dicha lectura logro inquietar lo suficiente como para que cada uno busque más allá de lo aprendido, creando su propio diálogo interior y proponiendo otras alternativas al análisis y al debate.

La mayor parte de estas ideas y reflexiones han sido fruto de una praxis pedagógica que se ha ido creando conforme me he desarrollado como persona, estudiante, aprendiz y profesor, en estos casi 40 años de actuación profesional. Otras se han generado desde la discusión académica o de coloquios sociales, entretejiendo vivencias, aprendizajes, descubrimientos, invenciones y teorías que, una a una, han ido configurando lo que me atrevería a llamar: Educación Física Disruptiva. Entonces, lo que comparto con ustedes es mi pensamiento, mis convicciones, principios y valores de lo que estimo necesario aplicar en los procesos socio educativos que se desarrollan en ambiente escolar, especialmente en lo referente a la Educación Física.

A todos quienes dedican parte de su tiempo a mejorar tanto la propia vida como la de los demás, van dedicadas estas ideas y reflexiones disruptivas con respeto, cariño y sinceridad.

 

 

Disruptivo porque…

…no comulgo con las practicas “educativo físicas” que ponen al movimiento físico como objeto de estudio de la Educación Física…

…propongo como objeto de estudio las emociones, el lenguaje corporal, la gestualidad cultural, la cultura corporal patrimonial…el ser sobre el hacer…

…me niego a utilizar test estandarizados que obliguen a niños y niñas a someterse a medidas y evaluaciones que irrespetan su cultura corporal…

…no creo en las evaluaciones del rendimiento físico como prueba de un aprendizaje…

…me opongo al uso y abuso de los cuerpos como justificación de una “buena salud”…

…me rebelo frente a mis propios aprendizajes y busco una nueva formación en la deformación de lo aprendido…

…pienso que la Educación Física se encerró en las cuatro líneas de una cancha, en la elíptica de una pista de atletismo, en los fierros de las pesas, en el tejido adiposo…

…y, por lo anterior, no ha podido dar respuesta a las problemáticas socioculturales de niños y niñas, especialmente los más vulnerables, los más pobres…

…porque la Educación Física, en su teoría y práctica, no ha superado su funcionalismo, utilitarismo y asistencialismo, desarrollando mentes y cuerpos obedientes y sumisos al orden establecido por la cultura dominante…

…en general, las sociedades aun confunden deporte, actividad física, ejercicio físico, con Educación Física…

…su propia nomenclatura ya no puede responder a las necesidades, características e intereses de niños, jóvenes y adultos del siglo XXI…

…pienso que una pedagogía que basa sus procesos didácticos en correr y saltar no puede llamarse pedagogía…

…cualquier pedagogía se basa, primeramente, en una mirada y postura filosófica que busca resignificar los fenómenos culturales, valorizando lo propio en una dialéctica de respeto mutuo…

…la configuración “calentamiento, desarrollo y final” de una clase ya no se sostiene como proceso didáctico…

…creo en una cultura matriztica que posibilite la igualdad de género en deberes y responsabilidades, comprometiendo al ser humano a la creación de una sociedad más equitativa y equilibrada en su desarrollo social…

…adhiero a una pedagogía de la cultura corporal (Neira y Nunes, 2006) en la cual la Educación Física desarrolle sus contenidos desde las propias vivencias corporales de niñós y niñas, transformado al objeto en sujeto histórico capaz de crear su propio mundo.

 

 

INTRODUCCIÓN

“Los pensadores más admirables no separan su trabajo de sus vidas. Toman ambos muy en serio para permitir tal disociacion, y deseam usar cada una de esas cosas para el enriquecimiento de la otra”.

(Paulo de Salles Oliveira, 1998)

Los que fuimos formados entre las décadas de los años ‘70 y ‘80, escuchábamos con mucha frecuencia y, a veces insistencia, que nosotros, los profesores de Educación física, educábamos a las personas a través del movimiento, o que el movimiento era nuestro objeto de estudio o que en el movimiento debíamos intervenir con el fin de re-educar, sobre todo en los aspectos motrices. Ha pasado un tiempo considerable, más o menos 40 años y continúo escuchando las mismas “máximas”, como si se tratara de un mandamiento bíblico.

Así también, depositamos en la educación la transformación del mundo, a través de la transformación de la persona, que a su vez podía acceder a independizarse de tiranías sociopolíticas. Al final del siglo XX, vinimos a darnos cuenta que lo que aparecía como solución a los problemas sociales no pasó de falsa ilusión, al comprobar mediante los análisis dialécticos de muchos investigadores y autores, que la educación escolar era (y sigue siendo) una forma solapada de la cultura hegemónica para continuar en el poder, educando a la población según los intereses particulares de estos.

Esto significa que no por mucho ir a la escuela aprendimos a ser libres o autónomos para construir nuestro propio destino, salvo si es bajo los códigos de la cultura dominante. Pues bien, después de más de 40 años podemos decir que sí, educamos por y a través del movimiento. Pero ¿qué educamos? ¿A quién? ¿Dónde? ¿Para qué? ¿Para quién? Al parecer hemos estado respondiendo a la demanda sociopolítica de una porción privilegiada de la sociedad, aquella que no necesita postular a becas para ganarse el derecho a la educación. Esto puede ser un reflejo de la confusión entre instruir y educar o como indica Maturana, la consecuencia de haber privilegiado la capacitación por sobre la formación humano, el hacer sobre el ser.

Educar no es entrenar cerebros, tampoco se refiere al direccionamiento de los espíritus. La educación debería llevarnos al encuentro de seres humanos libre-pensadores en beneficio siempre de una sociedad más justa y tolerante. Hoy nos preocupa más cuanto sabe una persona que la fortaleza y bondad de su corazón. Nos interesa más cuanto vendo y cuanto compro. ¿Qué nos fue pasando? ¿Cómo nos convencieron? ¿Cómo nos fuimos contaminando? ¿Cómo podemos salir de ahí? Pero, más importante aún: ¿nos interesa salir de esto?

Tal vez las respuestas a estas preguntas se encuentren en el mismo proceso de escolarizacion, pero mientras los sistemas educativos no consideren la opinión y la cosmovisión de todas las expresiones culturales, de todas las formas de vivir, de todos los que tienen algo que decir, seguiremos en este pantano de ilusiones que nos hace creer que otro mundo es posible. Otro mundo nunca será posible si continúo en el camino de perpetuar el estatus quo, de rendir pleitesía a la cultura dominante, de rendirme frente a mis propios sueños.

Me rebelo frente a lo que se me enseñó, frente a mi propia educación; me rebelo a las máximas, premisas y métodos de aprendizaje. No es el “movimiento” lo que da significado a mis intervenciones, soy yo quien otorga significado a las cosas, al mundo, y yo soy mucho más que movimiento, mucho más de lo que hace mi cuerpo, construyo mi realidad en cada pensamiento, en cada imagen que nace impulsada por mis sentidos. No quiero definiciones, no quiero verdades. Siempre hay otra manera de hacer, ser y existir.

 

El cambio como proceso evolutivo

“cambia todo cambia” escuchamos en la voz de Mercedes Sosa… cambiar es necesario para sobrevivir… nada es para siempre se dice de los amores… y lo unico permanente es el cambio sostienen algunos filosofos.

Pero la Educación Física no cambia. Todo continúa igual en el papel y en el aire. Las clases aun comienzan con el “calentamiento” y se ponen notas a la cantidad de abdominales o cantidad de vueltas a una cancha. Nadie explica nada. Niños y niñas sufren la “culpa” de un cuerpo “lento”, “descoordinado”, “gordo”, y escuchan constantemente: “debes practicar un poco más”.

No me parece aceptable que viendo lo que vemos y sabiendo lo que sabemos, no hagamos nada para cambiarlo. No porque cambiando sea mejor, sino simplemente porque el cambio es algo necesario al desarrollo y evolución del universo, y, más que necesario, su propia esencia. En el fondo, no cambiar significa, irremediablemente, perecer. Y, como de todas formas, unos antes otros después, todos pereceremos, lo más cuerdo parecería ser dejar las cosas como están; pero como también el hombre, en su esencia más íntima se rebela a su destino, finalmente me rebelo a perecer en la inanidad, me rebelo, me niego, a llegar al final de algún camino, sabiendo que pude haber hecho algo distinto, pero que en mi cómoda y cobarde resignación, nada hice.

Por ello me declaro, públicamente, en contra de medidas y evaluaciones de rendimientos corporales, no me interesa saber cuánto corre, cuanto resiste un cuerpo humano. Estas mediciones traen a mi memoria la búsqueda de la “raza perfecta” del “sueño” nazzi, la soberbia y prepotencia de quienes arreglan todo con el uso de la fuerza, de las armas, de la violencia. Me recuerda ese afán casi genético de querer destacar las diferencias y no las semejanzas que existen entre los seres humanos. No estoy por negar el derecho que tiene cada persona de elegir o construir su propio destino, pero me parece que en dicha construcción no puede estar presente el destruir o ignorar a los otros.

Por otra parte, quienes sostienen que la Educación Física tiene la responsabilidad de educar hacia la integralidad del individuo deben recordar que el concepto integralidad nos obliga a pensar y actuar en razón de cuatro dimensiones humanas, y no sólo lo físico y orgánico. No puede ser que habiendo pasado siglos desde la creación del concepto Educación Física, aún actuemos bajo los códigos y parámetros del siglo XVII. Se supone que pienso, que siento, que he estudiado para superar lo establecido, para modificar lo que mis profesores no modificaron, no porque no quisieran, sino porque no tenían la información que nos ha llegado con el siglo XXI. Se me enseñó a entrenar cuerpos, se me habló del citius, altius, fortius, como ese ideal griego del ser humano perfecto. Admiré la cultura griega, admiré a sus pensadores y aun hoy admiro cómo con tan poca información construyeron tan valiosas premisas, pero esa admiración sufrió un vuelco al enterarme también, que a los esclavos, extranjeros y mujeres no se les estaba permitido participar de muchas de las actividades de la “polis”.

Y fue a eso que ellos llamaron democracia y hoy creemos que democracia es participación y derechos de igualdad para todos. ¿de dónde sacamos eso? El deporte nos educa, decimos y afirmamos como si de una ley bíblica se tratase, pero rara vez re-pensamos o re-pasamos dicho diálogo. ¿Educa el deporte?, ¿a quién? ¿Bajo qué premisas? ¿Para beneficiar a quien? El uso político que se hace del deporte es una lectura que muy pocos pueden hacer y, evidentemente, a los poderes de turno no le conviene que revelemos tales intenciones; el éxito, reservado a muy pocos talentos (que deben dejar la vida en ello), casi nunca llega a las poblaciones más vulnerables; se regalan balones y camisetas de jugadores famosos, se les cortan los pastizales para aplanar un sitio eriazo que las damas, mamás y abuelas, adornan como pueden para darle un aroma a estadio, suficiente para que en la pichanga o torneo del barrio los “deportistas” puedan mitigar su hambre de justicia, dignidad y libertad.

Cada uno de los paradigmas por los cuales ha pasado la Educación Física representa la fuerza cultural dominante del momento. En sus comienzos los que estaban en el poder decidieron que era necesaria una disciplina que educara la temperancia, el orden, la higiene y un sólido amor a la patria, es decir, una escuela militar en un recinto escolar infantil. Es comprensible que quienes se encuentran en posición de poder decidan lo que otros deban hacer, buscan lo que creen es mejor para su sociedad y poner al servicio de sus intereses la mano de obra necesaria.

Hoy, casi tres siglos después de la fundación del concepto Educación Física, volvemos a someternos a los dictámenes de la contingencia cultural y social. La sociedad está enferma de obesidad, la sociedad es sedentaria y eso no es bueno para los intereses económicos de un país, puesto que se pierde mucho dinero tratando de disminuir los riesgos de mortalidad y los gastos en tratamientos de salud al respecto.

Para ello se les ha ocurrido que debemos hacer más ejercicio físico y modificar nuestros hábitos de alimentación. Y en relación al ejercicio se les ha ocurrido también que la Educación Física es responsable por esta variable. Nada en contra de eso de no ser por el hecho de que una disciplina curricular no puede hacerse responsable de una problemática con claras evidencias culturales, y en este sentido, es toda una cultura que hay que considerar. No es una disciplina la que arreglará el problema, es una sociedad que debe tomar consciencia de la cultura en la que vive y buscar, en su conjunto, alternativas de acciones que vayan más allá del ejercicio físico. Es un Estado que, anunciando que la obesidad es un “problema país”, el responsable por facilitar las condiciones materiales para permitir una dinámica interdisciplinar y multifactorial.