SIMCE ciudadano

¿Cómo andaríamos los chilenos si se nos aplicara un SIMCE de ciudadanía? ¿De respeto mutuo? ¿De conocimiento de nuestras propias leyes? Para mí, eso sería una verdadera medición de la calidad de la educación, porque lo que el SIMCE mide en las escuelas es rendimiento académico, y, en el caso de la educación física, rendimiento físico. Esto es instrucción, el nivel o cantidad de información que tenemos en determinado momento de nuestra vida estudiantil. Educación es mucho más que manejar información. Educación tiene que ver principalmente con valores y principios éticos, que se reflejan en nuestras conductas diarias. Es nuestro comportamiento en el diario vivir que da señas de nuestro “nivel” de educación. Camino a San Bernardo es una calle que tiene un lado con pavimento y el otro de ripio-tierra. Es impresionante como los conductores “luchan” por un pedazo de pavimento acelerando la velocidad de su vehículo, y de paso empolvando a los peatones que por cosas del destino tienen en “suerte” de vivir allí. En ese sector hay una escuelita cuyos profesores y estudiantes viven en el “desierto”, pareciera que a nadie le importa la cantidad de polvo que deben tragarse día a día. Si tuviéramos un mínimo de educación cívica trataríamos de no “tirar piedras” (si, los autos y camiones tiran piedras al aumentar la velocidad). ¿Y nuestro trato con los ancianos? ¿Los escuchamos? ¿Les hablamos con cariño? ¿Respetamos su lentitud no elegida? (si, los ancianos son lentos no por elección). En fin, basta observar cómo vamos por la calle, tirando papeles y basura por todos lados, acelerados como si se fuera a acabar el mundo, para dar una señal de que nuestra educación está muy lejos de reflejar calidad. Tal vez hemos alcanzado un buen nivel de instrucción (lo que mide el SIMCE), pero nuestra educación ciudadana, nuestro respeto con el otro y lo otro, continúa al debe. El exitismo, la búsqueda neurótica de aparecer dentro del ranking de producción, sobre pasa los límites del sentido común, de lo humanamente aceptable. Precisamente es este sentido común el que me permite darme cuenta que tan educada es mi conducta frente a mis pares. No es necesario ser científico para observar eso.

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