Simbiosis biocultural

Todo fenómeno humano, competición, creatividad, cooperación, etc., obedece a una simbiosis biocultural, en la cual tanto las orientaciones culturales como las bases biológicas, orientan y muchas veces determinan, la conducta humana. Podemos decir que la competición es “natural”, lo cual, desde la biología, supondría pensar que si las células de nuestro cuerpo tuvieran tendencia a la competición (supremacía de unos sobre otros), el cuerpo que las alberga tendería a la autodestrucción, lo que vendría a significar la antítesis de la esencia biológica que busca la preservación de la vida. Por lo tanto, la cooperación celular es esencial para dicha supervivencia. Interesante observar que la biología, carente de sentimientos, casi siempre obra acertadamente, principalmente en función del principio básico de supervivencia. Por otro lado, al vivir en sociedad el ser humano construye códigos simbólicos que determinan y condicionan lo que conocemos como cultura. Estos aspectos culturales pueden justificar la competición como “natural” en determinado grupo social, de ahí que lo que es normal para un grupo no lo sea para otro. Lo fundamental en todo esto es reconocer que el problema no está en la competición en sí, sino en el uso o abuso que se le da al termino con fines especialmente utilitarios y funcionales, que muchas veces no buscan más que la exacerbación del ego y el orgullo de quien compite, que por cierto también son aspectos con un alto grado de “contaminación” cultural. Lo mismo ocurre con los conceptos de agresión y violencia. La ciencia nos indica que como especie somos naturalmente agresivos y que la violencia sería una construcción cultural. La diferencia está en que la agresividad cumple la función, una vez más, de supervivencia y la violencia contiene la intencionalidad de someter a otro. Por lo tanto, si queremos equilibrar nuestro comportamiento en tanto biología y cultura, debemos generar una educación que permita desarrollar tal equilibrio, ofreciendo a niños y niñas posibilidades de canalización de sus impulsos naturales, respetando sus identidades culturales.