Sentir en el presente

Vamos de un lugar a otro, planificando y determinando las acciones para una consecución objetiva de la practica pedagógica, sin embargo la mayoría de las veces olvidamos que lo que mueve al ser humano es el sentir y no el pensar. Por ello es necesario que en la vivencia de los contenidos pedagógicos se reconozca, se valore, lo que se siente cuando estamos aprendiendo. Si sólo vemos el movimiento y no su consecuencia y contexto, entonces estamos muy cerca de tratarnos entre nosotros como simples objetos insensibles, sin esperar nada más que el producto para el que fueron estimulados. Cuando un ser humano se mueve, lo hace comandado por todo su sistema neurobiológico, sin embargo lo que determina la consecuencia y apreciación de ese movimiento es un sentir que está más allá del simple hecho de moverse, ya que ese movimiento puede tener un significado, pero no ser significativo, pues quien lo hace significativo es el sujeto directamente afectado, y, a través de este, construye otro significado que le es propio y desde el cual puede trascender. En la escuela, el niño/niña tiene una cantidad de vivencias que dejan una marca profunda en su sentir respecto al significado que tendrá en su vida una palabra o una actitud. Infelizmente, la mayoría de las veces, estos estímulos o vivencias están dirigidos a nivel cognitivo o motor, esperando siempre una respuesta intelectual o físico-reproductiva, con el cual se oculta la natural capacidad de expresar sus sentimientos y esperar recibir gestos de comprensión, de buena voluntad, apoyo y aprecio. En la medida que la Educación Física se torna más “física”, menos posibilidades existen de que la persona desarrolle su capacidad de “sentir” la vida como una oportunidad diaria de crecimiento y potenciamiento de sus cualidades humanas, y peor aún, pierde la posibilidad de compartir emociones con otros, desarrollando la empatía, necesaria para la sana y pacífica convivencia entre los seres humanos. Por ello, necesitamos una Educación Física que apoye sus contenidos en la riqueza del compartir y no en el dividir, permitiendo que cada niño se exprese de acuerdo a sus posibilidades de acción.