Sentido Común

Creo pertenecer a un extraño grupo de humanos que ha perdido por completo el interés por la evaluación, competición o actividades similares que pretendan indicar el “estado de avance” de mi existencia. No sé si por peregrina flojera, o por declarada incompetencia, pero lo cierto es que carezco de esa veta productiva, de la habilidad por encaramarme por encima de los hombros ajenos, por aparecer más inteligente o como solían decir los griegos: citius, altius, fortius. Esto es, una extrema indiferencia por ser más alto, más fuerte o más rápido. Y tal vez se deba al hecho de que la edad me lo impida. Tal vez el hecho de creer que tengo algunas respuestas a preguntas clásicas me produce cierto relajo. Pues en verdad no son respuestas científicas o que hayan pasado por algún análisis metodológico, simplemente son reflejo de pensamientos que como las nubes, vienen y van por los cielos mentales, conformando extrañas formas y colores. A veces llueve, y estas nubes se deshacen en explicaciones metafísicas, como queriendo impedir un suicidio neuronal colectivo. Tengo mis reservas con el llamado “conocimiento científico”, no le quito valor, pero me incomoda colocar mis pensamientos bajo el ojo inquisidor de cierto grupo de iluminados para ser consideradas válidas. La ciencia tiene su lugar, pero no es el mio. Mi lugar respeta los hechos científicos, innegables frente a la demostración empírica. La experiencia, producto de experimentos, nos entrega otra información, confirmando muchas veces lo que indica la ciencia. Pero también, la experiencia contiene matices de los más diversos fondos cromáticos, invadiéndonos de dudas y sorpresas, de aciertos y errores, que tímidamente se van conformando en una realidad tan innegable como la ciencia. Los simples mortales, que como mortales somos todos simples, conocemos estos fenómenos como “sentido común”. En mi derecho y completa potestad de mi sentido común, puedo declarar que los hechos demostrados científicamente, son tan validos como los hechos demostrados a tropezones, caídas y porrazos, llantos y risas, sueños y esperanzas, llegadas y despedidas, ruidos y silencios, etc., propios de una vida humana que se construye en el diario vivir, y que, en sana inteligencia, utilizamos para encontrar o crear el sentido y significado de nuestra existencia en el bello paisaje de la vida.

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