¿Quién hace las preguntas?

Generalmente, casi siempre, las preguntas en el ámbito escolar las hacen los profesores, y, rara vez, casi nunca, las preguntas las hacen los alumnos. El arte de hacer preguntas es algo considerado natural en el niño, que en la medida que va creciendo va disminuyendo la expresión de las mismas. Pero disminuye porque las preguntas van cambiando de color y tono, es decir, las respuestas son más complejas. Y, cosa curiosa, si algo “mueve” al cerebro es su capacidad de hacer preguntas, las que, generalmente, son calladas en las aulas porque, generalmente también, las preguntas que los niños y niñas hacen, no se relacionan con la materia de turno. Pues no debiera ser así. El educador tiene la obligación profesional de intentar responder las preguntas que le hacen sus estudiantes. Pero como ello no ocurre, los estudiantes cada vez preguntan menos. Cada clase debiera comenzar por despejar las dudas de los alumnos, cualquiera que estas sean, y si el profesor no tiene la respuesta al instante, su compromiso académico lo obliga a buscar alguna alternativa de respuesta, puesto que una de sus principales funciones como pedagogo es despejar dudas y aclarar conceptos. El arte de hacer preguntas tiene que ver con el desarrollo del pensamiento crítico y principios socráticos, esto es, con del desarrollo de la creatividad y habilidad para relacionar conceptos e ideas que a simple vista no la tienen. Este es el mundo de los inventores, los transformadores de la realidad. Da Vinci, Einstein, Picasso, Dalí, Claudio Arrau, Violeta Parra, pensadores y creadores de arte, ciencia y tecnología. Pero hemos olvidado como hacer preguntas tanto aprender de memoria. Nos piden comprensión de texto en un mundo que enfatiza la memorización. Abundan las pruebas de selección múltiple, los test estandarizados. Rara vez se pregunta sobre la opinión o percepción que tienen los estudiantes sobre determinado tema. Pero no se trata de transformar todas las clases en preguntas, se trata de no olvidar la natural curiosidad humana. El niño o niña quiere saber que hay “ahí” dentro de esa caja, por qué nos reímos o lloramos. Un cerebro que pregunta es un humano que camina hacia la autonomía intelectual y, muy especialmente, camina hacia la creación de sus propias respuestas.

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