Pedagogía de la cultura corporal

Este es el título de un libro cuyos autores (Neira y Nunes. Brasil, 2006), han escrito con la intención de debatir la Educación Física desde una perspectivo crítica y multicultural, especialmente en lo que respecta al currículo escolar y al proyecto político pedagógico de cada escuela. Los autores presentan argumentos para una intervención político-social del área, abordando la discusión cultural en el escenario educacional fundamentada en la teorización crítica y pos-crítica de la educación y en una concepción de la Educación Física a partir de las Ciencias Humanas. Dicho abordaje busca fomentar una acción educativa reflexiva a cerca de los nuevos rumbos de la Educación Física en la sociedad multicultural. Esta obra pretende contribuir en el debate de la práctica pedagógica escolar cotidiana, sugiriendo formas de intervención pedagógica específica a cada comunidad, rompiendo la actual tendencia de formación de profesores como meros ejecutores de propuestas pre-fabricadas. Se refuerza la idea de que el “movimiento corporal” es lo que confiere especificidad a la Educación Física, sin embargo no es cualquier movimiento, no es el movimiento insitucionalizado, reproducido, estereotipado y acabado. Se trata aquí del movimiento humano con sentido, con significado mediado por el contexto socio-histórico-cultural en que es producido. Hablamos del movimiento que expresa y representa una cultura, del movimiento con intención comunicativa de ideas, sentimientos, etc., que se da al interior de una manifestación cultural. Para ello, los autores nos recuerdan que no es objetivo de la escuela enseñar deportes y que no existe un conocimiento que todos deban saber ni una práctica corporal que todos deban dominar. La pedagogía de la cultura corporal, es una propuesta contra-hegemónica, que pone en juego la discusión sobre currículo y poder, sobre justicia y democracia. Se trata de “dar voz” y despertar a una nueva pedagogía de la Educación Física, superando la utilización del cuerpo como objeto que produce y consume energía, una propuesta que transforma al individuo en cultor de su propia historia, autónomo y soberano. La pedagogía de la cultura corporal, implica el respeto por las culturas corporales propias de cada individuo. Desde esta perspectiva, no se enseñan técnicas de movimiento. Lo que se busca es descubrir los códigos simbólicos ocultos en cada una de las manifestaciones culturales corporales. ¿Por qué se juega así? ¿Por qué se llama así? Ya no se trata solo de “qué” hacemos, sino “por qué” lo hacemos de determinada manera, infiriendo en lo posible un “para qué”. En una pedagogía de la cultura corporal el profesor deberá buscar la razón y el sentido de lo que enseña. Para que esto ocurra es necesario replantearse la función del currículo, y generar desde la escuela un currículo pertinente a la realidad en la que dicha escuela está inserta. Es una mirada mucho más amplia del fenómeno educativo-físico, en el sentido de que lo físico ya no es más centro de atención, el cuerpo ya no es lo que tenemos como objeto, sino lo que somos como sujetos. Nos enfrentamos a la antítesis de una “pedagogía del oprimido”, que, respetando la forma de ser y estar en el mundo de cada individuo, busca generar un cuestionamiento a la cultura dominante, a las situaciones y posiciones de poder, al dominio de una cultura sobre otra. En palabras de los autores, si queremos cambiar la sociedad, la práctica escolar tendrá que ser inevitablemente modificada (p.277). Es una ingenuidad pretender cambiar algo en la sociedad si no se modifican las experiencias pedagógicas al interior de la escuela. Y, la escuela, no puede limitarse a reproducir un currículo establecido desde “arriba”. No puede haber transformación en la imitación, ni mucho menos producción de nuevo conocimiento en la repetición de patrones de movimientos. Los conceptos tradicionalmente asociados a la pedagogía sufren una profunda transformación: ¿Metodología? ¿Didáctica? ¿Currículo? Todos estos elementos, que comúnmente asociamos a la enseñanza y aprendizaje de técnicas deportivas, sufrirán una transformación desde una pedagogía de la cultura corporal; en el caso de la metodología, esta se refiere ahora a la forma como se distribuye el tiempo, el espacio y el material no en función de una técnica de movimiento, sino en función de una práctica crítica y de enlace con otros conocimientos que, primero permitan conocer su origen y significado para, posteriormente, resignificar la práctica, obteniendo un nuevo sentido basado en el principio de acción-reflexión-acción. Esto es lo que permitirá la producción de nuevo conocimiento. El proceso didáctico deberá permitir al sujeto “darse cuenta” de la manipulación que ha sido objeto, si fuera el caso, cuando no se ha respetado su cultura corporal y esta no se ha considerado en el proceso de enseñanza y aprendizaje de las llamadas “técnicas de movimientos”. Precisamente, una pedagogía de la cultura corporal, descubre que no hay movimientos mejores o peores. Esta pedagogía está lejos de una clase físico-deportiva, lo que comulga con la propuesta de Pérez Gallardo (2003) en la cual se definen y separan los espacios conceptuales de actuación profesional del profesor de Educación Física conocidos como vivencia, práctica y entrenamiento. Estos espacios reciben dicha nomenclatura porque si bien responden a un mismo fenómeno, cada uno de ellos contiene objetivos y características propias. El espacio de vivencia corresponde a la clase de Educación Física, la cual, entendida desde una pedagogía de la cultura corporal, tiene como objetivo el acercamiento del niño/niña a todo el conocimiento universalmente producido en el área. Si lo que se quiere es aprender y dominar una técnica específica, el profesor debe considerar el espacio de práctica (extraescolar), el cual se conforma desde los intereses y habilidades de los estudiantes y no, desde la imposición de un deporte en particular. Ahora, la búsqueda de rendimiento deportivo corresponde al espacio de entrenamiento, propio de clubes y escuelas deportivas específicas. Esto es, diferenciar dichos espacios respetando los objetivos que se deben desarrollar en cada uno de ellos. Dicho de otra manera, cada uno de estos espacios responde a un objetivo especial: vivencia: conocer las diferentes manifestaciones de la cultura corporal; practica: estabilizar técnicas de movimientos; entrenamiento: desarrollar máximo rendimiento físico-deportivo. El problema se genera por confundir estos espacios y transformar la clase de Educación Física en una sesión de entrenamiento. Resumiendo, la pedagogía de la cultura corporal implica un reconocimiento de: el currículo como campo de poder y dominación; los espacios conceptuales de actuación profesional del profesor y adecuación de metodologías y procesos didáctico-pedagógicos basados en la identificación de identidades y sentidos socio-culturales propios.

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