Motricidad Infantil

Cuando el niño juega no lleva en su espíritu el deseo de competir o derrotar a otros, basta observarlos antes de los dos años de edad, antes de haber sido contaminados por la vanidad de un adulto que quiere reflejar en él sus propios sueños o fracasos. La neurociencia está demostrando que la mayoría (tal vez todas) de las conductas humanas son aprendidas. Por lo tanto aprendemos a competir y a odiar así como también aprendemos a cooperar y a amar. Esto nos deja frente a la tarea que tenemos de formar generaciones de niños y niñas que podrían crear y aprender a vivir en un mundo diferente, más altruista, empático y compasivo. Salvo contadas excepciones, casi todas las sociedades viven en una delirante y constante actitud competitiva. Y, en general, el deporte toma este discurso como su principal orientador, haciendo que hayamos perdido ese placer de jugar por jugar de cuando éramos niños y, si no hay premio, casi no jugamos, si no es competitivo no es atractivo. Los niños no quieren competir, quieren jugar, divertirse. Por ello, no existen los niños competitivos. Existen los niños de padres o adultos competitivos que “contaminan” y manipulan las emociones de niños y niñas que los llevarán a convertirse en otros adultos competitivos, con lo cual el círculo seguirá creciendo y algún día quizá, ya no habrá más niños que quieran simplemente jugar. La motricidad infantil exige un análisis antropológico y cultural, entendiendo que existe una antropología y cultura propia del niño y del mundo infantil. No se trata simplemente de un ser en proceso de formarse en adulto, se trata de un ser que responde a sus propias percepciones y genera a través de sus acciones una idea propia del mundo que le rodea. Toda actividad humana que involucre niños debe considerar primeramente el respeto y la dignidad de la persona. El respeto se expresa en acciones que no obligan a ser y hacer. La dignidad se expresa en acciones que resguardan los valores culturales individuales y sociales. Por lo tanto, no podemos ni debemos tratar a niños y niñas como si fuesen adultos en miniatura. La motricidad infantil nos exige observar más y calcular menos. Debemos tener mucho cuidado cuando hablamos de patrón motor. No existe un modelo de motricidad, porque toda motricidad obedece a una cultura y cada cultura tiene una forma especial y particular de ver, sentir y estar en el mundo.

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