Motivación

 

¿Qué puede motivar más a un niño que su padre jugando con él? La motivación sería la causa del comportamiento de un organismo o la razón por la que un individuo lleva a cabo una determinada actividad. A los profesores se nos responsabiliza en gran parte por la motivación o falta de ella en nuestros estudiantes. Pero lo que tenemos que aclarar es que, siendo nosotros algo externo al sujeto, nuestra función se limita a generar uno o varios estímulos que, en circunstancias adecuadas producirán en el individuo una motivación que le llevará a “moverse” en consecuencia. Esto porque la motivación posee un gran porcentaje de componentes intrínsecos, componentes que muchas veces no coinciden con el medio externo o con las características de quien genera el estímulo. Y aquí volvemos a la pregunta inicial, en realidad a la respuesta. Un padre genera un estímulo directo y de mucho valor puesto que las circunstancias que lo unen a su hijo son mucho más que materiales. Son afectivas y profundamente espirituales. De ahí que un profesor distante y distraído, poco afectivo o no comprometido con su profesión, difícilmente podrá generar motivación en sus estudiantes. Ahora bien: si para un niño la imagen paterna es poderosa, para un estudiante la imagen de su profesor podría llegar a ser igual de relevante. La experiencia nos indica que los profesores que juegan con sus alumnos, poseen un vínculo afectivo más profundo y pueden conseguir mayor compromiso de parte de sus estudiantes al momento de ejecutar las tareas. Atribuimos a las dinámicas sociales y laborales del presente siglo, el escaso tiempo que tenemos para jugar con nuestros hijos y de esta manera motivarlos a una dinámica constante de actividad física. Pues bien, ¿sabía Ud. que sólo basta un par de minutos para que su hijo se motive a jugar físicamente, a moverse, a correr, si es su padre quien lo estimula? Lo mismo es válido para los profesores de Educación Física: no es necesario que trote con ellos todas las clases o que realice junto a ellos todos los calentamientos, pero si quiero que se muevan, el primero en moverme debo ser yo. El movimiento produce más movimiento, la teoría sólo sirve como apoyo, pero jamás como motivación, especialmente si se trata de niños.

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