Más allá del movimiento

Los que fuimos formados en los años ‘70 u ‘80, escuchábamos con mucha frecuencia y, a veces insistencia, que nosotros, los profesores de Educación Física educábamos a las personas a través del movimiento, que el movimiento era nuestro objeto de estudio y/o que en el movimiento debíamos intervenir con el fin de re-educar, sobre todo en los aspectos motrices. Ha pasado un tiempo considerable, más o menos 40 años y continúo escuchando las mismas “máximas”, como si se tratara de un mandamiento bíblico. Así también, depositamos en la educación la transformación del mundo, a través de la transformación de la persona, que a su vez podía acceder a independizarse de tiranías sociales. Al final del siglo XX, vinimos a darnos cuenta que lo que aparecía como solución a los problemas sociales no pasó de falsa ilusión, al comprobar que la educación escolar es, en gran parte, una forma solapada de la cultura dominante, educando según las condiciones socioculturales de los intervenidos. Esto significa que no por mucho ir a la escuela aprendimos a ser libres para construir nuestro propio destino, salvo si es bajo los códigos de la cultura dominante. Pero ¿qué educamos? ¿A quién? ¿Dónde? ¿Para qué? ¿Para quién? Al parecer, sólo hemos estado respondiendo a la demanda sociopolítica de una porción privilegiada de la sociedad, aquella que no necesita postular a becas para ganarse el derecho a la educación, de otra manera no se explica tanta diferencia entre unas escuelas y otras. Educar no es entrenar cerebros ni cuerpos. Hoy nos preocupa más cuanto sabe una persona que la fortaleza y bondad de su corazón. Debe haber algo más allá del movimiento físico-corporal, y tiene que ver con una transformación del espíritu humano, en un ser libre y creador de nuevas posibilidades, siempre pensando en el beneficio de la mayoría. Al educar debemos considerar la opinión y la cosmovisión de todas las expresiones culturales, de todas las formas de vivir, si no queremos seguir engañándonos en este pantano de ilusiones que nos hace creer que otro mundo es posible.