Los test de resistencia

¿Qué siente un alumno cuando se le anuncia que será evaluado para ver cuánto es capaz de correr o “resistir” una distancia? ¿Entusiasmo? ¿Alegría? Y, una vez terminada la prueba, ¿Qué hemos averiguado los profesores de Educación Física? ¿Cuáles son nuestros análisis y conclusiones pedagógicas? ¿Qué decisiones tomamos? Muchas veces para lo único que sirven estos test son para medir la fuerza de voluntad de quienes los ejecutan, una vez terminada la prueba, los rostros lo dicen todo: agotamiento al límite y un “no quiero más”. ¿Qué aprendió el alumno? ¿Qué descubrió de su identidad personal? Salvo un pequeño orgullo por haber cumplido con la meta o una soberana frustración y angustia por no alcanzarla. Siglo XXI y este tipo de test continúan en gloria y majestad torturando a miles de estudiantes de enseñanza Básica y Media, a los cuales solo les queda el ánimo de no volver a repetir semejante prueba que los puso al límite de un ataque cardiaco o del aburrimiento. ¿Cómo entusiasmar a nuestros niños y niñas a correr? ¿Cómo los convencemos de la importancia de estos ejercicios para la salud física y mental? Debemos ser honestos con ellos diciéndoles que estos ejercicios no sirven de nada si antes no tenemos una actitud positiva frente a la vida. Pero, ¿Cómo motivamos hacia esa actitud? En algunas escuelas de nuestro país algunos profesores corren junto a sus alumnos. Y no importa el tiempo ni la distancia, ellos entienden que se trata de disfrutar la actividad. Para el niño o niña, e muy motivante ver que su profesor lo acompaña en la actividad física, y no tiene que ser en todas, pero no estaría de más trotar junto a ellos de vez en cuando. El problema está en el modo como le plantemos los desafíos. Si su calificación depende de los metros o tiempos asignados por una mayoría, la cosa ya parte pesada. El alumno necesita de un apoyo teórico consecuente con la práctica, sobre todo con la de su profesor. Si hacemos ejercicio junto a ellos, aunque sea una vez al mes, aunque sea en el calentamiento, creo que sería una buena motivación para muchos de nuestros niños y niñas, especialmente pensando que la actividad física no se predica, sino que se practica.

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