Lo individual y lo social

Maturana indica: hoy los estudiantes se encuentran en el dilema de escoger entre lo que de ellos se pide, que es prepararse para competir en un mercado profesional, y el impulso de su empatía social que lo lleva a desear cambiar un orden político-cultural generador de excesiva desigualdades que traen pobreza y sufrimiento material y espiritual. En consecuencia, deben elegir entre satisfacer sus deseos personales o atender la pobreza de la misma sociedad en la que viven, que no es tan solo la imposibilidad de llenar la “canasta básicas”, sino que además representa una situación de insatisfacción de necesidades básicas, que está asociada a las limitaciones en el desarrollo de capacidades humanas y además, se considera que la pobreza constituye una situación de vulneración de derechos (DIPP, 2008). Diariamente somos bombardeados por los medios de comunicación con estos temas, pero las miramos cada vez con mayor distancia, como si nosotros no tuviéramos nada que ver con eso, porque no ocurre en el patio de nuestra casa, porque estamos muy ocupados en lo “nuestro” y porque estamos casi convencidos que los otros, los que viven “lejos”, no tienen nada que ver con nosotros. Pues bien, algunos de nosotros trabajamos en la formación de otros, y nos preguntamos si esos otros necesitan de un llamado de atención, de un alerta, y que cuando observamos la complejidad del asunto, podemos darnos cuenta que no existe eso de “otros”, que no hay nada “allá afuera” que no me toque, que no me involucre, y que sólo tenemos dos opciones: o somos parte del problema o somos parte de la solución. Porque hasta donde entiendo, ser educador y no preocuparse con esas problemáticas sociales es una incoherencia conceptual y una absoluta falta de sensibilidad. Solo un puñado de saberes que son útiles en sí mismo y que no serán jamás útiles para modificar lo que nos cansa y nos duele.

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