La tragedia del SIMCE

No podemos decir que la triste partida de este joven que fallece durante la aplicación del SIMCE de Educación Física, haya sido motivada por el mismo. Afirmar eso sería tan desatinado como pensar que la PSU es la responsable por que un estudiante se desmaye mientras responde las preguntas. La muerte, para los seres humanos, siempre será un misterio, por ello cuando ocurre nos invade una sensación de impotencia y se nos vienen encima las preguntas que difícilmente encontrarán respuestas: “¿por qué?”. Cuando leí la noticia de la muerte de este muchacho traté de imaginar el ambiente de aquel momento, la desesperación de sus compañeros y sus profesores. No quisiera vivir una experiencia de tal magnitud. Nadie quiere que un niño muera. La muerte no nos hace gracia. Pero nos recuerda nuestra condición de paso por este mundo. Y se alzan las voces en contra del SIMCE, y el MINEDUC congela la situación suspendiendo por un tiempo su aplicación. Cuando se reconozca que la muerte del niño no fue producida por el test, este seguirá aplicándose sin discriminación. Los que me conocen de cerca saben de mi oposición a la aplicación de cualquier test que no considere la cultura y disposición emocional del individuo. Las mediciones de este tipo traen a mi memoria la búsqueda de la “raza perfecta”, la idea de que unos serían mejores que otros, simplemente porque el color de su piel es distinta. Evaluar es algo necesario e inherente a la existencia, es algo que el cerebro realiza constantemente para tomar decisiones y sobrevivir en esta vorágine existencial. Medir es otra cosa. Medir nos lleva a discriminar entre buenos y malos, lentos y rápidos, gordos y flacos, discriminaciones que llevan a un grupo de personas a creer que se encuentran en la posición privilegiada de decirles a otros como tiene que vivir o los errores que están cometiendo. Medir solo se justifica si con ello puedo evitar la tragedia de un mal mayor, y, se espera que medir la obesidad y el sedentarismo nos ayudará a disminuir esta epidemia. Dudo, y espero equivocarme, que niños y niñas modifiquen sus hábitos de alimentación y actividad física, si seguimos confundiendo medir con evaluar y seguimos aplicando test sin pensar en las consecuencias.