La Pichanga

En estos días, en los que se respira fútbol por cada rincón del planeta, han venido a mi memoria aquellas tardes, recreos, noches y amaneceres en los que, junto a mis amigos nos disputábamos una pelota de trapo, emulando a los ídolos de la época en cada intento de gol. La pichanga es aquel encuentro de, no importa cuántos, seres humanos que se disputan una pelota, del material que sea, con el fin de introducirlo en el arco contrario, arco que puede tener las dimensiones más inimaginables, sólo aceptable para quienes en ese momento juegan. Quizá por ello este acto, la pichanga, sea uno de los más pedagógicos que existe. En la pichanga, los jugadores deben ponerse de acuerdo en las normas, no reglas, que permitirán que se juegue en sana diversión. El fin de estas normas es permitir que se juegue en igualdad de condiciones, la mayor cantidad de tiempo posible y que puedan combinarse situaciones que jamás veríamos en el fútbol real. Es en los recreos de las horas escolares, que podemos ver las más bellas y disputadas pichangas. Es raro ver en estos encuentros lúdicos actos de violencia. Y es precisamente porque las normas para jugar son determinadas por común acuerdo de los que van a “enfrentarse”. No hay árbitro, sólo el sentido común de los participantes permitirá que juguemos hasta cansarnos o hasta que las velas no ardan. De aquí nace el hecho de que no jugamos “contra” otros, sino, “con” otros. El fútbol es una expresión de la cultura, una actividad necesaria para distraer la mente de realidades que nos agobian. Por ello cuando los niños y niñas juegan una pichanga imaginan que son aquel futbolista que admiran. Soñamos con ser campeones del mundo, buscamos en el fútbol lo que no encontramos en nuestros trabajos, una razón para sentirnos hermanos de una misma patria. Quizá esa sea la mayor gracia del fútbol, capaz de unir a toda una nación bajo un mismo sueño, un sólo motivo para abrazarnos y olvidar nuestras diferencias. Nos invade una emoción colectiva, es difícil abstraerse de tal fenómeno. Trasciende credos, épocas y culturas, va más allá de la lógica. En el fútbol, como en la pichanga, el principal componente es la fantasía y donde, muchas veces, se construyen amistades para siempre. Pero es en la pichanga donde más se refleja lo que todo deporte debería buscar: la alegría de compartir más que competir. Tal vez por ello decíamos en nuestra infancia: ¡¡último gol gana!!

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