Inteligencia Emocional

“Cualquiera puede ponerse furioso…eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta…eso no es fácil”. Estas son palabras de Aristóteles, con ellas trataba de reflejar que la rabia que sentimos todos en determinados momentos es propia de la especie humana, pero la rabia y el enojo expresado de acuerdo al contexto, es propio de personas inteligentes, y en ocasiones, hasta el más inteligente de los seres a veces pierde el equilibrio emocional, producto de que, precisamente, las emociones no son controladas por aquello que llamamos cerebro pensante. Las emociones florecen desde el sistema límbico, en las profundidades del cerebro. Dicho sistema regula las más profundas manifestaciones de la vida animal. Es lo que nos lleva a reaccionar y después pensar, sobre todo cuando se trata de sobrevivencia. Pero, ¿una tarjeta roja en el futbol pone en riesgo nuestra vida? Me parece que no. Y digo esto por la cantidad de ejemplos que tenemos en donde vemos a jugadores golpeando o ahorcando árbitros durante lo que se supone es un encuentro deportivo, un juego. Y, cuando me preguntan sobre cómo un jugador puede reaccionar de una manera tan violenta, recuerdo al autor Daniel Goleman quien escribió un libro titulado Inteligencia Emocional (1995). Esta inteligencia es la que nos permite movernos en el mundo socio-afectivo evitando o disminuyendo traumas emocionales. Nos ayuda a conectarnos con el otro para dialogar en paz y respeto mutuo. Nos orienta para identificar el cómo, dónde, cuándo y con quien reaccionar. Por ello, los clubes profesionales poseen en su equipo de trabajo un psicólogo deportivo, quien se encarga de descubrir y luego orientar las debilidades psicológicas de los jugadores. No se trata de dar lecciones de moral o buenas conductas, pero si partimos de la base que el deporte es un medio para educar, sobre todo a los más pequeños, me parece que muchos jugadores de fútbol y de otros deportes, no están muy comprometidos con este objetivo. Es recomendable pensar que el futbol no es un deporte violento. En teoría ningún deporte lo es. Somos las personas que mal utilizamos un deporte, o la oportunidad que nos da la vida para expresar a través de dicha actividad lo mejor que tenemos de nosotros mismos. Todos quisiéramos que el deporte nos lleve por caminos de hermandad, bondad y respeto. De ahí que ese debe ser el principal objetivo de las escuelas de fútbol, porque futbol los niños jugarán con o sin escuelas. Los profesores que allí trabajen no deberán olvidar nunca que las actividades humanas son un medio para expresarnos y compartir con otros, nunca un fin que esté por sobre los sanos y deseables valores de convivencia. Y, sobre todo, un medio para unirnos y compartir un mundo más humano y pacífico.

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