La educación superior, especialmente la que se da en universidades, tiene dentro de sus responsabilidades el desarrollo del individuo como persona consciente de los valores de la sociedad que representa considerando sentimientos, emociones y sensaciones que caracterizan al ser humano en un ambiente sociocultural determinado. El desafío que tenemos todos los profesores más allá de nuestras especialidades, es desarrollar o incrementar la sensibilidad y compromiso social en los estudiantes para que puedan enfrentar los problemas más urgentes de la sociedad, incentivando el espíritu crítico y de colaboración. Formarse como profesor de Educación Física es mucho más que saber sobre células, técnicas deportivas o didácticas. Formarse como profesor, sobre todo tomando como ejemplo las palabras de Paulo Freire (1985), es preocuparse con el oprimido y menos favorecido socialmente; es formar un profesional con un amplio dominio conceptual que le permita abordar cuestiones que están más allá de los músculos, pulsaciones cardiacas o medidas físico-orgánicas. La formación en la educación superior debe significar formar un profesional no sólo para el funcionalismo o utilitarismo, adiestramiento frío y calculador, el saber pragmático que capacita exclusivamente en el hacer. Debe preocuparse también con el desarrollo de actitudes, valores y sentimientos y no dejar que esos aspectos sucedan por azar del destino. Se trata de una formación con sentido de responsabilidad humana y social, es decir, una concepción integradora del ser humano. Todo esto implica una transformación del individuo que se forma pensando sólo en el lucro de su profesión, en un individuo con consciencia social, política y ecológica, de forma que pueda asumir actitudes y compromisos de civilidad, de responsabilidad y pertinencia para con su comunidad. Según David (2003), es por medio de hombres y mujeres conscientes que se puede construir una educación verdaderamente democrática, un avance científico plenamente articulado con las fuerzas productivas, mediados por parámetros de participaciones sociales y comprometidas con el futuro de la humanidad. Si una persona egresa de la educación superior si haberse transformado, especialmente sin haber entendido que la sociedad no está al servicio de él sino muy por el contrario, él está al servicio de su comunidad, habremos fracasado en el nuestro propósito educador, pues no se justifica una universidad para mantener el estatus quo ni para formar profesionales que repitan más de los mismo. Una formación transformadora es lo que se espera de toda educación, pues la existencia humana solo adquiere sentido en la medida que se transforma y evoluciona en armonía con los nuevos tiempos. Por ello, vale la pena preguntarse: ¿cinco años de formación para salir al medio social y hacer lo mismo que hacíamos antes de ir a la universidad? Sinceramente, ¿tiene sentido invertir tanto tiempo y dinero para todo eso? Cada proceso tiene su historia, pero los procesos de formación que no transforman con seguridad repetirán la historia, condenándonos a repetir una y otra vez los mismos errores, sin muchas posibilidades para ayudar a niños y niñas a modificar una realidad que los mantendrá al servicio de una cultura hegemonica.

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