Espíritu Crítico / Fuerza Moral

No acostumbro a criticar lo que no conozco, mucho menos lo que no domino, especialmente porque hasta donde puedo observar, para criticar se necesita de cierta fuerza moral, cierto derecho adquirido en el desempeño, tanto personal como profesional. Pero al parecer ese no es un ejercicio común y nos estamos acostumbrando a criticar, incluso juzgar, sin conocer, sin información fidedigna, y, sobre todo, sin haber experimentado aquello que se critica. Nos quejamos de la mala calidad de esto y aquello, criticamos a los que hacen supuestamente mal su trabajo, juzgamos a los que son aparentemente irresponsables, pero rara vez miramos hacia nosotros para ver si todo aquello que criticamos o juzgamos como mal hecho, nosotros lo hacemos bien. Pienso que no sería un mal ejercicio si antes de realizar una crítica nos fijáramos que tan bien lo hacemos nosotros, en nuestras propias obligaciones. Por ello no exijo lo que no hago, ni espero que los demás piensen como yo o actúen perfectamente. Este es un ejercicio que ayuda mucho a ser consecuente y observar nuestro proceder antes de mirar hacia el otro o lo otro. Fuerza moral quiere decir que tan responsable soy yo para juzgar la irresponsabilidad de otro. Que tan amable, atento, cuidadoso puedo ser, antes de gritarle a otro u otra por su proceder inadecuado. Y, según entiendo, esto es lo que debiera primar en educación y que evidentemente tiene relación con los principios y valores que fundan una sociedad que se pretende educada y civilizada. Si no he aprendido a criticarme difícilmente tendré moral para criticar a otro. Esto es muy parecido al dicho “para hablar y comer pescado hay que tener mucho cuidado”. Pero, ¿se puede enseñar esto? Lin Yu Tang, en su libro “La importancia de vivir”, dice que cosas como estas no se pueden enseñar en el sentido tradicional de la didáctica pedagógica, pero si se pueden mostrar. En otras palabras la única forma de enseñar esto es haciéndolo y dejando que nuestros hijos o estudiantes nos vean actuar. Las acciones son las afirmaciones de nuestros valores. Si digo que algo no debe hacerse, es obvio que para poder enseñarlo, yo no debo hacerlo. Y pasa que si mi hija me ve hacer lo contrario de lo que digo, jamás la convenceré de lo que es supuestamente correcto. Si queremos educar consecuentemente, creo que es necesario un equilibrio entre el derecho a criticar y la fuerza moral que podemos imprimirle a nuestras palabras, es decir, un equilibrio entre lo que decimos y lo que hacemos.

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