El hábito de la actividad física

La mayoría de los aprendizajes de los niños suceden a partir de la imitación. Los niños harán lo que ven y serán, en gran medida, el resultado de los estímulos de su medio ambiente. Sus conductas reflejarán lo mostrado por los adultos. Debemos recordar que enseñar es sinónimo de mostrar. Así es que cuando muestro a mi hija o a mis alumnos una palabra o actitud, estoy enseñando a ellos una forma de vivir. Ahora bien, ¿cuántos de nosotros mostramos en nuestras conductas, palabras y acciones, algo digno de imitar? En relación a la actividad física, ¿cuántos padres y/o profesores salen a caminar o trotar con sus hijos o alumnos? Tengo la sensación de que al respecto no somos muy buenos ejemplos. ¿Cómo podemos pedir a nuestros hijos o alumnos algo que nosotros no hacemos? Eso se llama fuerza moral. Es decir, cuando solicito algo que yo no hago, es muy difícil que el otro u otra lo hagan, por la sencilla razón que aparece como algo incoherente y contradictorio. Un gran educador mundial, Paulo Freire, y muchos estudiosos actuales, sostienen que el gran problema de la educación está en “dar el ejemplo”. Los niños nos escuchan hablar pero no nos ven hacer eso que hablamos. Decimos que el cigarrillo hace mal mientras fumamos delante de ellos. Decimos que debemos respetar mientras nos ven tratar mal a las personas. Les decimos que deben ser responsables mientras nosotros llegamos tarde al trabajo o nos vamos antes. Les decimos que deben ser ordenados y cuidar sus cosas mientras llenamos de basura las calles y plazas de la ciudad. No es fácil para un niño entender porque les decimos cosas que no nos ven hacer. Nuestros alumnos y alumnas dudan de la fuerza de nuestras palabras porque no parecemos creíbles, ya que raramente practicamos lo que decimos. Si nosotros no tenemos el hábito de la actividad física, con fines de salud y bienestar afectivo, difícilmente nuestros niños lo tendrán. Tal vez, dar el ejemplo no sea la única forma de generar hábitos, pero sin duda es uno de los más efectivos. Por ello, de vez en cuando, como profesor de Educación Física, debería trotar o hacer gimnasia formativa junto a mis alumnos.

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