Ejercicio y Cerebro

 

Los ejercicios más adecuados para un buen desarrollo del cerebro en términos neurológicos son los aeróbicos, entre los que se destacan ejercicios que impliquen la coordinación. Una de los mayores beneficios del ejercicio físico en relación al desarrollo cerebral es la producción de BDNF, una proteína que ayuda en el crecimiento de conexiones neuronales y además actúa como un neurotransmisor, es decir, ayuda en la comunicación entre distintas neuronas. La ausencia de esta molécula implica una reducción en el aprendizaje. Las investigaciones en el área de la neurociencia han podido demostrar lo que los griegos nos sugirieron hace miles de años: moverse puede reportar muchos beneficios a nuestra capacidad intelectual y facilitar los procesos de aprendizaje así como la memoria. Un cerebro estático disminuye el aprendizaje porque casi no existe actividad neuronal, porque para que el neurotransmisor BDNF se active necesita ejercicio físico. No se quiere decir con esto que el ejercicio sane alguna enfermedad mental, lo que se dice es que mejora la plasticidad cerebral, lo que redunda en una capacidad de adaptarse y responder a las demandas del entorno. Por lo tanto, si queremos estimular las conexiones entre neuronas debemos mantenernos en movimiento, y no necesariamente trotando todos los días, pero si evitando pasar mucho tiempo sentado o acostado. En neurociencia existe un concepto conocido como “reserva cognitiva”, que viene siendo como un banco del cerebro, lo que significa que lo que ahorramos lo vamos a recuperar más tarde. Esto lo saben y lo pueden demostrar las personas mayores de edad que presentan buen estado de salud general ya que la mayoría de ellas han realizado casi toda su vida algún tipo de ejercicio físico o deporte. En resumen, practicar estos ejercicios deja huella en el cerebro y si abandonamos el ejercicio por un tiempo y luego volvemos, nuestras neuronas recuperan rápidamente los niveles de BDNF; es como si nuestro cerebro guardara un cierto registro. La “reserva cognitiva” es una capacidad que tiene nuestro sistema nervioso de generar circuitos y reservas energéticas para cuando el organismo lo necesite. En definitiva, moverse no sólo ayuda a los músculos, sino especialmente al cuidado y desarrollo del cerebro.