Educación e Instrucción

 

En los “Principios Educacionales del Gobierno de Chile”, se señala: “La educación dice relación con lo que el hombre es y con sus posibilidades de superación. El acto educativo es un proceso que nace y muere con el hombre. La educabilidad es una cualidad esencial al espíritu humano. Ella permite desarrollar todas las potencialidades de la inteligencia, del sentir, de la voluntad y de la acción del hombre; al mismo tiempo, facilita la unicidad de todos los elementos personales y sociales, naturales y culturales para integrar la persona, realizando en plenitud su ser individual y universal, histórico y trascendente. Es misión de la sociedad, en la cual el hombre se desarrolla, proveer los medios para que sus miembros adquieran plenitud como persona; por esto la educación debe entenderse también como patrimonio y tarea que concierne a toda la comunidad nacional, con el objetivo de capacitar a cada hombre en el ejercicio de una realidad responsable y noblemente orientada. En este alto sentido comparten responsabilidades como educadores, en primer lugar, los padres a través de su grupo familiar, profesores, gobernantes nacionales, autoridades locales y de barrio, por cuanto de ellos depende el desarrollo de una actitud de disciplina, de trabajo y de estudio, únicos campos reales de posibilidades a las aspiraciones del hombre y de la comunidad” (MINEDUC, 1975). La educación se diferencia de la instrucción en el sentido de ser la educación un hecho mucho más amplio y global. En este sentido la Educación Física tendría las mayores posibilidades para producir la mejor educación. Lamentablemente lo que más ven y viven los niños y niñas son clases llenas de instrucciones y con muy pocas experiencias de interacción social que permitan el desarrollo pleno de cada individuo desde su cultura patrimonial hacia una integración de todas las facultades humanas en razón de una sociedad más justa y democrática. Cuando instruimos decimos a las personas qué hacer y cómo hacerlo. Cuando educamos damos libertad para que la persona o grupo de personas descubran sus propias posibilidades de pensamiento y acción. La Educación Física sufre de un exceso de instrucción y escasean clases donde el niño o niña sean protagonista de su propio aprendizaje. A juzgar por las clases que observamos hoy, sobran instructores y faltan educadores capaces de entender la trascendencia social y cultural de dicha función.

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