Deporte para todos

“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo, llevar esperanza y crear comunicación”. Estas son palabras de Nelson Mandela, y para comprobarlo les sugiero vean “Invictus”, película donde se retrata como este presidente de SudAfrica utilizó el rugby para unir a su país. El punto es que aquello que llamamos deporte para todos, en nuestro país por lo menos, no es para todos. Porque, generalmente, para practicar deporte hay que pagar y eso es algo que no todos pueden hacer. Por lo tanto, si lo que queremos es que todos practiquen deportes, debemos configurar un Estado y una sociedad que implemente políticas deportivas que impliquen un cambio cultural al respecto. Muchos de los recintos deportivos pasan cerrados los fines de semana porque no hay quien los administre durante sábado o domingo. La jornada laboral termina más o menos a las 18:30 hrs de la tarde, y muchos profesionales a esa hora lo único que desean es estar en casa disfrutando de la familia. La actividad deportiva, el juego, debiera estar disponible a casi cualquier hora del día. Pero muchas empresas entienden eso como pérdida de tiempo. Lo más triste es que eso ocurre en las escuelas, es tan así, que muchas horas de la clase de Educación Física se utilizan para “entrenar” el SIMCE. En Eslovenia, se anima a profesores de otras asignaturas a interrumpir sus clases durante el denominado “minuto para la salud”. En ese breve tiempo, los alumnos dejan la materia por un momento y realizan actividades lúdicas. Algunas escuelas están adoptando el parque de juegos en los patios para que en los recreos los niños y niñas tangan algo más que jugar al pillado. Es cierto que se han implementado las “plazas activas” donde la población puede ir ejercitarse. El problema, según veo, que no es posible mejorar una condición física sin sistematizar la práctica. Una o dos veces por semana y el asunto se limita más bien a una actividad de tipo recreativa. Si la mayoría de las personas entiende que la actividad física deportiva y recreativa es importante para la buena vida ¿Por qué no la realiza en forma sistemática? Una de las razones sigue siendo el tiempo y el espacio donde realizarlo. Pero también una inclinación a la comodidad y a una “ley del mínimo esfuerzo”.

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