CURIOSIDAD

Nadie se interesa por aprender cosas que no le hacen sentido y ni mucho menos despiertan un mínimo de curiosidad. El aprendizaje requiere que aquello que se va aprender tenga una gran dosis de emocionalidad, como cuando aprendemos a andar en bicicleta y los porrazos son un detalle nada más. Entonces, ¿Qué sentido tiene para un niño o niño estar sentado más de dos horas? ¿Qué sentido tiene correr y correr girando en una pista de atletismo o alrededor de una plaza? Convengamos que estar sentado más de dos horas debería tener mucho sentido para el escritor que se ha empeñado en escribir un libro y que dar vueltas en una cancha de atletismo tiene sentido para el atleta que necesita mejorar sus marcas para las competiciones que se avecinan. Pero pienso en ese niño “regular”, en esa enorme cantidad de seres a los que no les hace sentido aprender técnicas de movimiento que jamás usarán. ¿Cómo puedo quejarme de la falta de motivación o interés de mis estudiantes sino me esfuerzo por averiguar que los lleva a moverse espontáneamente? Es fácil estigmatizar de “flojos” y “flojas” a las personas que no se interesan por las actividades que proponemos. Lo difícil es crear formas de diálogo primero y acciones después que nos permitan coordinar lo que nuestros estudiantes “deben” aprender con lo que “quieren” y “pueden” aprender. Y, precisamente, de esto se trata la pedagogía: crear, investigar, proponer, dialogar, metodologizar, participar, socializar, orientar, distinguir, respetar, valorar, emocionar, entre muchos otras cosas más, pero en lo posible evitar instruir sin preguntar. Es decir, ya es tiempo que nos preguntemos si las actividades físicas que realizamos en las escuelas y liceos tienen algún sentido para nuestros niños y niñas, principalmente porque para que las actividades físicas tengan algún valor y obtengan algún resultado, estas deben configurarse a partir de los interés y motivaciones de los usuarios, caso contrario todo se reduce a una hora de “entrenamiento/sufrimiento” que no tendrá ni el más mínimo efecto físico-orgánico, ni mucho menos socio afectivo ni emocional.

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