Cultura Dominante

 

Si la educación, en general, es la manifestación de una cultura dominante, la Educación Física (tradicional) sería su máximo exponente al desarrollar contenidos exclusivamente deportivos (Basquetbol, gimnasia deportiva, etc.), fomentando a través de ellos actitudes de respuestas mecánicas a modelos estereotipados que son reproducidos sin ninguna reflexión. Y, si en los últimos 50 años no ha habido cambios sustanciales en las clases de Educación Física en Escuelas y Liceos, es signo de que tampoco ha habido cambios en la formación inicial del profesor del área, ya que cabe suponer que lo que el profesional aprende en la Universidad es lo que desarrollará en el medio escolar. Salvo excepciones, la mayoría de los profesores reproducen sin modificar ni adecuar a las diversas realidades escolares lo que aprendió en la universidad o lo que dictan los Planes y Programas del MINEDUC. Desde aproximadamente 1970 se viene reproduciendo una Educación Física vinculada con los aspectos deportivos competitivos, con lo cual se crea en el colectivo psico-social la relación conceptual de Educación Física = deporte, excluyendo otras alternativas tanto o más pedagógicas que el propio deporte. Cabe suponer, además, que muchos de los involucrados en este fenómeno continúan siendo evaluados en sus capacidades físicas y técnicas, en relación a los deportes y desempeño motriz, dejando los aspectos de análisis conceptual y desarrollo de una actitud histórico-critica a asignaturas reconocidas como “teóricas”, que muchas veces tampoco superan su orientación disciplinar, no realizando las relaciones conceptuales necesarias para comprender la Educación Física desde una perspectiva más holística, que permita al estudiante superar lo establecido. Esto nos obliga a repensar el valor educativo de lo que enseñamos y preguntarnos seriamente: ¿Para qué enseñamos? Y quizá más importante: ¿Para quién educamos? ¿Qué es lo que educamos? ¿Obediencia? ¿Sumisión? ¿Irreflexión? Es curioso, por decir lo menos, que le exijamos a nuestros alumnos que reflexionen sobre algún fenómeno cuando nosotros mismos no lo hacemos o no vinculamos nuestro hacer con algo que esté más allá de ese hacer, mecánico y repetitivo. Porque la reflexión exige un cambio en la acción, de otro modo constituye una simple divagación.

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