¿Cuál educación?

Desde los comienzos de la Era Industrial, la educación, cada vez más, se fue transformando en un medio de producción de símbolos de poder de la clase dominante y, principalmente, de los símbolos más característicos y representativos del mercado capitalista. La Escuela, como lugar donde se desarrolla la educación sistemática, ha sido el principal medio de reproducción de esa forma cultural. Junto con la desvalorización de la cultura de la clase dominada, en la educación hay un énfasis en la capacitación para el uso de los medios de producción, dejando los aspectos relacionados con la formación humana en un plano secundario dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje. Esto puede ser constatado al observar los Planes y Programas de estudio que el MINEDUC establece para el sistema escolar chileno, en los cuales aparece el desarrollo de actitudes y valores como objetivos transversales en el proceso pedagógico escolar. La transversalidad de objetivos ofrece una lectura de menor importancia una vez que los otros objetivos, los verticales, son los que reciben mayor atención al momento de desarrollar el proceso de enseñanza aprendizaje. Sabemos que la intención del MINEDUC ha sido recordar a todos los profesores que los objetivos transversales (valores y actitudes) no son responsabilidad de una asignatura en particular, pero lo que llama nuestra atención, y los profesores lo saben, es que estos objetivos rara vez se estudian como contenidos en las distintas materias del currículo y quedan a la suerte de acciones reflejas y de trato ocasional, es decir, cuando se presenta el problema valórico o actitudinal, en alguna conducta de los estudiantes, generalmente considerada negativa por la institución educativa, es decir, la formación humana, entendida como el desarrollo de actitudes y valores, NO es lo más importante para desarrollar en los alumnos. Entonces, ¿Cuál Educación?, ¿Cuál Pedagogía? ¿La que le interesa a quien? Como educadores estamos llamados a generar un pensamiento crítico que permita ver más allá del contenido y que podamos, como sociedad, transformar aquello que permanece inalterable, pero que favorece sólo y siempre, al mismo sector de la población.