Códigos Ocultos

 

“El éxito no es el fin, sino un medio para apuntar más alto. El esfuerzo es la alegría suprema. El hombre no vale sino en razón de la humanidad. Está hecho para vivir luchando encarnizadamente y para morir con resignación”. Estas son algunas palabras del creador de los Juegos Olímpicos Modernos, Pierre de Coubertin, quien en su incansable lucha por recuperar el ideal deportivo de los griegos, trató de crear las bases del valor educativo del deporte para las sociedades modernas. Y si algo podemos hoy encontrar positivo en la competición deportiva es el hecho de que como fenómeno social, puede representar un buen medio para desarrollar en el individuo la fuerza de voluntad y autodisciplina necesaria para alcanzar sus metas. Pero no debemos olvidar que todo fenómeno social también posee códigos ocultos que no son fáciles de descifrar y que precisamente por estar ocultos, la mayoría de nosotros no puede ver ciertas manipulaciones psicológicas y sociales que se esconden tras un supuesto valor positivo. De hecho, debemos recordar que los creadores de los Juegos Olímpicos, los griegos, usaban estos eventos para detener las guerras, tratando que al menos por un momento los ciudadanos se olvidaran o se alejaran de los hechos de violencia e injusticias sociales. En este sentido, el deporte competitivo que reúne grandes masas, es ideal para presentar la idea de que todo marcha muy bien en la sociedad y de que no hay grandes necesidades ni problemas sociales. En la antigüedad esto era representado por el circo romano, pan y circo es lo que pueblo necesita, solían decir los emperadores. De esta manera tenemos en los encuentros competitivos la representación de una guerra domesticada, necesaria para evitar que llevemos esa agresividad a la calle. Obviamente que este elemento es muy solicitado por los gobiernos de turno de tal modo que la población tenga estímulos psicológicos que le hagan creer que no hay nada de qué quejarse. Por otro lado, otro código oculto es el de sometimiento incuestionable a las reglas, sin que nos demos cuenta que somos manipulados por intereses creados por terceros para satisfacer sus propias necesidades. En fin, si bien es cierto que todos hemos postulado nuestros sueños a algún ideal olímpico, también es cierto que este fenómeno es ideal para mantener ciudadanos obedientes, ordenados y felizmente domesticados.