A propósito de este asunto…

A propósito de este asunto…

En este estado de cosas en las que el abuso y la violencia ya comienzan a formar parte del paisaje cotidiano, especialmente hacia la mujer y los niños (no digamos que es un paisaje desconocido, lo que pasa es que ahora hay medios para enterarse, pero este abuso es ancestral, endémico y de raíz patriarcal), me nacen algunas cuestiones que busco resolver y que, de paso, invito a los lectores a colaborar con posibles respuestas. ¿Cómo aprende el ser humano a hacer diferencias de género? ¿Cómo aprende la idea que un género es más importante o más fuerte que el otro? Y, contrariamente, ¿cómo podría aprender que, si hay diferencias, estas son necesarias para la evolución y mantención de la especie humana? ¿cómo enseñarle a un niño o niña que, precisamente, lo que nos hace humanos son esas diferencias? ¿por qué algunas personas connotan como algo malo la igualdad de trato? Convengamos que si bien no es necesaria la igualdad de género (biológicamente imposible y culturalmente aberrante), sí debería existir la igualdad de trato. Y, ¿qué es una igualdad de trato? ¿cómo se manifiesta esa igualdad de trato en el día a día? Me parece que cuando separamos niños y niñas en las clases de Educación Física estamos incentivando la desigualdad, pues da la impresión que tal separación obedece a la creencia de que existen contenidos o actividades exclusivamente “femeninas” y otras exclusivamente “masculinas”. Yo pienso que los separan para comodidad de los profesores, pues, por cierto, es complejo educar damas y varones juntos en la dinámica del movimiento o la acción motriz, porque seguramente las damas elegirán actividades diferentes a los varones. Y es muy posible que así sea, pero nuestra función educadora es, precisamente, educar en la diversidad, con la diversidad y para la diversidad. Para educar en la homogeneidad no es necesario poseer un título profesional. Somos diferentes, pero no para ser tratados en forma diferente, si en forma diferenciada. Y esto puede regularse con las exigencias de una misma tarea. Es decir, la terea puede ser la misma, pero realizada en forma diferente y diferenciada, pues no todos podrán resolverla de la misma forma, y no solamente por alguna cualidad especial, sino porque algunos son más creativos o autoexigentes. Toda vez que hacemos, intencionadamente o no, algún tipo de diferencia (social, intelectual, física, afectiva, motriz, etc.), lo que hacemos es una discriminación que solo deja feliz a quien la aplica, pero aquel que se siente o es derechamente discriminado por ser diferente, solo siente dolor y poco a poco va generando resentimiento en relación a esa diferencia. Me parece que, dentro de las pedagogías, la Educación Física tiene grandes posibilidades de ayudar a disminuir estas escalada de violencia y agresión, claro que para ello es necesario un cambio de paradigma, tanto en la formación como en la actuación profesional, pues el paradigma actual (deportivo-competitivo) es el fiel reflejo de una cultura patriarcal que basa sus acciones en la búsqueda de poder y control, dividiendo a los seres humanos en ganadores y perdedores, fuertes y débiles, lentos y rápidos, gordos y flacos, titulares y banca, etc. También claro, algunos justificarán todo ello como natural y necesario. Lo que no dicen es que es natural y necesario para sus propios intereses y no hay mayor interés, para algunos, que mantener las cosas tal cual están porque les es conveniente y necesario.

Gimnasia Rítmica Formativa

Para comprender el surgimiento, desarrollo y evolución de la Gimnasia Rítmica Formativa (GRF), es necesario remontarse a los orígenes de la Carrera de Educación Física en la entonces Universidad de Chile, Sede Osorno, Décima Región de Los Lagos, en el año 1972.

El profesor de Educación Física Jorge Sergio Pérez Gallardo, fundador de dicha Carrera, preocupado por la precaria y mediocre actuación profesional de los profesores de Educación Física en la región de Los Lagos de aquel entonces,  comenzó a estudiar y desarrollar un método de gimnasia que tanto profesores como alumnos de las escuelas pudieran aprender y aplicar con cierta facilidad y que, sobre todo, no significara para los colegios una gran inversión económica en su aplicación.

A partir del año 1976 el Grupo de Gimnasia Rítmica Formativa de la Universidad, integrada sólo por varones, comenzó una gran difusión dentro y fuera de Chile, causando gran impacto en sus presentaciones llevando la GRF a posicionarse como una línea de gimnasia que llamaba la atención por su alegría, creatividad, música y utilización de implementos no tradicionales tales como: toallas, neumáticos, postes de madera, bastones de coligue, bandas elásticas, entre otros.

El profesor Pérez Gallardo había conseguido fusionar la Gimnasia Natural, Gimnasia Construida y algunos elementos de expresión corporal utilizados en el teatro y las danzas. En resumen se trataba de coreografías que al compás de distintos ritmos musicales propios de la época, tanto popular como folklórica, representaban ideas, emociones, mensajes, y distintas formas de utilizar los elementos de la GRF.

Cabe destacar que hasta ese entonces el “físico” de Osorno era el único que se dedicaba a desarrollar esta modalidad gimnástica, discutiéndose en lo académico su falta de fundamentación pedagógica, dada la falta de investigaciones en el campo de la gimnasia escolar en nuestro país.

Las investigaciones se producían en la sala de clase con los propios alumnos del “físico”, en la Cátedra de Gimnasia y en las horas de práctica del Grupo de Gimnasia Rítmica Formativa (varones). Este grupo, formado por alumnos de la universidad, dedicaba parte de su tiempo libre a investigar y crear coreografías basadas en los contenidos de la Gimnasia Natural, Gimnasia Construida y elementos de las Artes tales como, música, expresión corporal, teatro, artes plásticas,  utilizando para ello implementos no tradicionales tales como toallas, bancas suecas, cajas de bebidas, bandas elásticas, sacos, bastones de coligue, neumáticos, entre otros.

Por otro lado, algunos académicos manifestaban su desconfianza frente a esta nueva modalidad que aparecía como fenómeno innovador en la Educación Física. Estos académicos acostumbraban a decir que la GRF no poseía fundamentos pedagógicos ni científicos como para justificar su inclusión en el currículo de formación de profesores, y que, más parecía un ‘circo’ que un modelo pedagógico para el desarrollo de las cualidades motrices, sociales y afectivas del ser humano. Al respecto, era interesante escuchar la respuesta del profesor Pérez Gallardo: “no importa que le llamen circo…  prefiero el circo a lo que existe en las escuelas como Educación Física”.

Más interesante suena hoy el hecho de que en la actualidad el circo, con casi todos sus componentes y características, se está transformando en un elemento de estudio y aplicación pedagógica para el desarrollo de contenidos en la clase de Educación Física. En el caso de Brasil,  la Facultad de Educación Física de la Universidad Estatal de Campinas, UNICAMP, ya posee estudios de pre y posgrado en el área circense.

Y fue precisamente en esta Facultad de Educación Física que el profesor Dr. Jorge Sergio Pérez Gallardo logró desarrollar y crear los fundamentos de esta gimnasia que hoy, 30 años después, se ha consolidado como Línea Gimnástica y que es representada en la actualidad como Gimnasia General, especialmente en Brasil, participando de cinco Gymnastradas Mundiales (Berlín, 1995; Gotemburgo, 1999; Lisboa, 2003, Dürhein, Austria, 2007, Suiza 2011),  junto al Grupo de Gimnasia General (GGU) de la Facultad de Educación Física de la Universidad Estatal de Campinas, San Paulo.

Retornando a los orígenes de la GRF, es de conocimiento público que en los años ‘80 la Universidad de Chile se desprende de sus sedes y muchas de ellas pasan a transformarse en Institutos Profesionales. En enero de 1983, el profesor Pérez Gallardo es invitado a dictar un módulo en un curso de especialización en Educación Física, organizado por la Universidad de Playa Ancha en la Universidad Federico Santa María, para profesores de la región, donde después de ello fue convidado a formar parte del cuerpo docente de la Carrera de Educación Física en Valparaíso, actual UPLA, donde también la GRF tuvo una gran aceptación, tanto al interior de la Universidad como en la comunidad a través de los cursos de capacitación dictados a los profesores de la región.

Posteriormente, en el año 1985, el docente Pérez Gallardo debe abandonar el país para realizar estudios de postgrado en Brasil. Desgraciadamente, motivos profesionales, personales y políticos, hicieron imposible su retorno a Chile, perdiéndose la posibilidad de continuar el desarrollo de la Gimnasia Rítmica Formativa, especialmente en la formación de profesores de Educación Física en nuestro país.

En el año 1984 se funda el Club Ketrahue (Lugar de Siembra), grupo integrado por alumnos de Educación Superior y Enseñanza Media que se dedica a recuperar y dar continuidad a las ideas del profesor Pérez Gallardo. El grupo es dirigido por el profesor de Educación Física Luis Bórquez Calbucura, egresado de la Universidad de Chile, Osorno.

Dicho grupo alcanzó notoriedad internacional, participando de eventos de gimnasia en Argentina y Brasil. Lamentablemente ese grupo también dejó de existir y las posibilidades de continuar la difusión e investigación de la Gimnasia Rítmica Formativa se volvían a perder.

Para quienes tuvimos la suerte de participar de esta modalidad físico-educativa, sabemos que fuimos y somos parte de un conocimiento que nos ayudó grandemente en nuestro quehacer pedagógico en escuelas y liceos, sobre todo en aquellos que no contaban con una infraestructura o medios materiales para desarrollar clases de Educación Física de calidad.

Por tal motivo, hoy, después de muchos años de trayectoria de la GRF y de investigaciones realizadas por el profesor Dr. Jorge Pérez G., creemos necesario retomar y difundir esta modalidad gimnástica en beneficio de todos los profesores y escolares de nuestro país, especialmente para las Escuelas de Educación Física que forman docentes en esta área.

Volver a ser niños y niñas

Volver a ser niños y niñas

Cuando un niño llora y está rodeado de otros niños, todos lloran con él. A eso, en nuestra pretendida interpretación del mundo del niño, llamamos empatía. Los demás niños ni siquiera saben porque llora su par, menos sufren el dolor que está sufriendo el que llora. Simplemente le dicen, en su llanto colectivo, “estamos contigo…haremos mucho ruido para que venga alguien a ayudarte”. ¿qué pasó en el camino que nos olvidamos de eso? ¿cómo fue que perdimos esa sensibilidad? ¿por qué tiene que estarme pasando lo que la pasa al otro para que me importe? ¿si no siento ese dolor no lo ayudaré? Así es. Somos tan hipócritas que juzgamos al otro sin antes saber lo que realmente le pasa. Emitimos nuestra opinión como si fuéramos capaces de ver la “verdad”, sin siquiera meditar sobre el asunto. Los niños no saben de diferencias, ni las hacen bajo ningún pretexto. Pero ahí vamos los “adultos” a decirles como es “mejor” comportarse. Y les vamos castrando su natural empatía por el otro y lo otro, incluso lo diferente a él. Le heredamos a niños y niñas nuestros miedos y frustraciones. Los enviamos al psicólogo en vez de ir nosotros a tratar nuestra propia falta de autoestima. Es cierto…yo…tú…usted…fuimos esos niños y niñas y algo pasó en el camino que nos fue transformando en esos adultos cobardes e insensibles sociales de hoy. Pero somos capaces de revertirlo ¿o no? Si nos dimos cuenta de esto que le estoy contando ¿por qué lo seguimos haciendo con nuestros niños y niñas? ¿o es que francamente no nos damos cuenta o simplemente nos hacemos los desentendidos? Podemos cambiarlo. Algunos hablan de recuperar una cultura matriztica. Yo creo que es mucho más simple aun: confiar en nuestros niños y niñas…ellos saben que hacer. Confiemos, protejamos y alentemos sus propios sueños. Copiemos sus hermosas conductas exentas de prejuicios. Ayudemos a todos los que podamos ayudar sin importar si me ayudarán mi o no. No condicionemos nuestra humanidad a “tanto me das tanto te doy”. Si podemos ayudar…debemos ayudar. Lo demás es simple y llano egoísmo. ¿Utopía? Puede ser. Pero podemos elegir entre vivir utópicamente o de espaldas al dolor ajeno. ¿qué algunas cosas están mal hechas? Haga usted su mejor esfuerzo y quizá esas cosas mal hechas mejoren. ¿qué algunos se aprovechan? No se aproveche usted y ya tendremos uno menos. ¿qué son flojos? No sea flojo usted y la tarea será hecha. Es decir…no puedo hacer mucho desde el otro, pero puedo hacer un cambio desde mí. Si la vida no sirve para cambiar no vale la pena vivirla. Esa es una de las grandes diferencias entre vivir y existir. Lo gracioso es que para transformar esta realidad y recuperar lo mas humano de nuestra humanidad, hay que “regresar”, “rebobinar”, “resetear” y volver a creer en el ser humano como cuando fuimos niños y niñas, sin temores y sin prejuicios. ¿Quieres? ¿Puedes? Nadie dice que sea fácil. Pero creo que vale la pena intentarlo. Especialmente pensando que como educador no puedo obviar esa responsabilidad. No puedo educar a mi hija o mis estudiantes como a mi me educaron, ni puedo pretender educar en otros lo que no está educado en mi. Ni puede darme lo mismo lo que pase con el otro o lo otro. Pasemos más tiempo cerca de nuestros niños y niñas y contagiémonos de sus naturales expresiones de solidaridad, alegría y ludicidad y quizá, quien sabe, muchas cosas mejoren.

Equilibrio socioindividual

Consciente de que existe una realidad en la cual muchos que se acercan a la Educación Física lo hacen pensando en su provecho personal, deporte, fitness, preparación física, fisicoculturismo, baile, etc., expresando que no les interesa la pedagogía, tanto porque no les gusta, no hay trabajo en las escuelas y si hay, les pagan poco, debo recordarles a todos aquellos que así piensan que la UNIVERSIDAD no tiene como objeto preparar técnicos (para los cuales están los IFT). Por otro lado, la labor de todo profesor con posgrado en educación es buscar la apertura de las mentes, elevar el espíritu crítico y el pensamiento divergente. No estoy por negar el derecho de todo ser humano de buscar su propio destino, pero mi labor no tiene que ver con eso. Soy un docente que optó por la formación pedagógica por convicción, por principios y valores más allá de mis propias habilidades deportivas. Además, la historia de la humanidad ha demostrado que nadie puede estar seguro de lo que quiere hasta que no ha experimentado otras realidades. Por ello una de mis labores es mostrar a mis estudiantes que hay “algo” más allá del cuerpo, más allá de lo que ven los ojos o de lo que los sentidos pueden captar. La realidad es una creación social y todos los individuos interpretan esa realidad a su conveniencia, por lo cual no es fácil escapar de los mitos y leyendas. Si llegaste a la universidad no fue para repetir la historia o hacer más de lo mismo… para ello habría bastado que te quedes en tu casa o sigas jugando en la plaza de tu barrio. La universidad te exige un compromiso más allá de tu ego. Debemos estar al servicio de una humanidad que no ha tenido las mismas oportunidades que nosotros hemos tenido. Si cierta realidad social me pide que forme personas para el lucro, para la utilidad de la sobrevivencia fría y mecánica, debo decirle que esa formación no es digna de las aulas universitarias, menos si esta se declara pública y del pueblo. Tenemos derecho a hacer lo que más nos gusta o nos realiza como personas, pero así también tengo el deber de atender las necesidades sociales y educativas de otros que no llegaron donde nosotros estamos. Algunas universidades y algunos docentes se han rendido a la demanda de mercado formando profesionales solo para el individualismo, la competición y el espectáculo frío y calculador. Algunos, recién egresados, celebran la compra de su primer auto aunque no tengan casa donde vivir. Entiéndase bien: estudiar en la universidad es mucho más que pasar materias y obtener un título. En general, no es difícil estudiar una carrera, lo francamente difícil es ejercer los saberes y crear nuevo conocimiento a partir del equilibrio simbiótico entre la teoría y la práctica profesional. La esencia de la existencia humana es la modificación de una realidad, esencia misma de la razón de un universo en constante transformación. Vamos a buscar el equilibrio entre aquello que quiero para mí y aquello que los otros necesitan de mí. Los invito a educarse y no solo a instruirse. A buscar más allá de sus posibilidades corporales. La Educación Física puede ser una bella misión social si le das una oportunidad a la pedagogía que en ella vive.

EDUCACIÓN FÍSICA DISRUPTIVA

EDUCACIÓN FÍSICA DISRUPTIVA

PRESENTACIÓN

Lejos de todo protocolo cientifico,  que el mundo académico reconoce como válido en asuntos  del mismo orden, es decir, escritos académicos, el presente libro es, en gran medida, producto de reflexiones e ideas que buscan repesentar una visión disruptiva de la educación en general y de la Educación Física en especial. De ahí que gran parte de estas ideas y reflexiones carezcan de absoluta objetividad. El texto no obedece a un carácter científico o de pretensiones académicas; no encontrará en este documento profundidad en el análisis y discusión conceptual, ni mucho menos animo de establecer orientaciones paradigmáticas ni pretensiosas verdades.

Mi invitación sugiere una mirada rupturista, pensando especialmente en el rol que le cabe a la escuela como formadora de ciudadanos libre-prensadores, críticos y autónomos. Lejos de la mirada mecanicista, objetiva, militarista y domesticadora, invito al lector a navegar por el mar de la incertidumbre, de la indefinición, donde todo puede ser posible y donde, especialmente, la mente se libere de caminos conocidos y teorías aprendidas de memoria. Ha sido un viaje con muchos tropiezos, pero sin duda que en cada tropiezo hemos aprendido algo. No hay aprendizaje sin errores, ni errores que no enseñen nada. Por último, o mejor dicho, comenzando, espero que para ustedes sea un viaje provechoso, nunca se sabe que puede resultar de una lectura, pero por lo menos, no podremos decir que no lo intentamos. Mi satisfacción será si en dicha lectura logro inquietar lo suficiente como para que cada uno busque más allá de lo aprendido, creando su propio diálogo interior y proponiendo otras alternativas al análisis y al debate.

La mayor parte de estas ideas y reflexiones han sido fruto de una praxis pedagógica que se ha ido creando conforme me he desarrollado como persona, estudiante, aprendiz y profesor, en estos casi 40 años de actuación profesional. Otras se han generado desde la discusión académica o de coloquios sociales, entretejiendo vivencias, aprendizajes, descubrimientos, invenciones y teorías que, una a una, han ido configurando lo que me atrevería a llamar: Educación Física Disruptiva. Entonces, lo que comparto con ustedes es mi pensamiento, mis convicciones, principios y valores de lo que estimo necesario aplicar en los procesos socio educativos que se desarrollan en ambiente escolar, especialmente en lo referente a la Educación Física.

A todos quienes dedican parte de su tiempo a mejorar tanto la propia vida como la de los demás, van dedicadas estas ideas y reflexiones disruptivas con respeto, cariño y sinceridad.

 

 

Disruptivo porque…

…no comulgo con las practicas “educativo físicas” que ponen al movimiento físico como objeto de estudio de la Educación Física…

…propongo como objeto de estudio las emociones, el lenguaje corporal, la gestualidad cultural, la cultura corporal patrimonial…el ser sobre el hacer…

…me niego a utilizar test estandarizados que obliguen a niños y niñas a someterse a medidas y evaluaciones que irrespetan su cultura corporal…

…no creo en las evaluaciones del rendimiento físico como prueba de un aprendizaje…

…me opongo al uso y abuso de los cuerpos como justificación de una “buena salud”…

…me rebelo frente a mis propios aprendizajes y busco una nueva formación en la deformación de lo aprendido…

…pienso que la Educación Física se encerró en las cuatro líneas de una cancha, en la elíptica de una pista de atletismo, en los fierros de las pesas, en el tejido adiposo…

…y, por lo anterior, no ha podido dar respuesta a las problemáticas socioculturales de niños y niñas, especialmente los más vulnerables, los más pobres…

…porque la Educación Física, en su teoría y práctica, no ha superado su funcionalismo, utilitarismo y asistencialismo, desarrollando mentes y cuerpos obedientes y sumisos al orden establecido por la cultura dominante…

…en general, las sociedades aun confunden deporte, actividad física, ejercicio físico, con Educación Física…

…su propia nomenclatura ya no puede responder a las necesidades, características e intereses de niños, jóvenes y adultos del siglo XXI…

…pienso que una pedagogía que basa sus procesos didácticos en correr y saltar no puede llamarse pedagogía…

…cualquier pedagogía se basa, primeramente, en una mirada y postura filosófica que busca resignificar los fenómenos culturales, valorizando lo propio en una dialéctica de respeto mutuo…

…la configuración “calentamiento, desarrollo y final” de una clase ya no se sostiene como proceso didáctico…

…creo en una cultura matriztica que posibilite la igualdad de género en deberes y responsabilidades, comprometiendo al ser humano a la creación de una sociedad más equitativa y equilibrada en su desarrollo social…

…adhiero a una pedagogía de la cultura corporal (Neira y Nunes, 2006) en la cual la Educación Física desarrolle sus contenidos desde las propias vivencias corporales de niñós y niñas, transformado al objeto en sujeto histórico capaz de crear su propio mundo.

 

 

INTRODUCCIÓN

“Los pensadores más admirables no separan su trabajo de sus vidas. Toman ambos muy en serio para permitir tal disociacion, y deseam usar cada una de esas cosas para el enriquecimiento de la otra”.

(Paulo de Salles Oliveira, 1998)

Los que fuimos formados entre las décadas de los años ‘70 y ‘80, escuchábamos con mucha frecuencia y, a veces insistencia, que nosotros, los profesores de Educación física, educábamos a las personas a través del movimiento, o que el movimiento era nuestro objeto de estudio o que en el movimiento debíamos intervenir con el fin de re-educar, sobre todo en los aspectos motrices. Ha pasado un tiempo considerable, más o menos 40 años y continúo escuchando las mismas “máximas”, como si se tratara de un mandamiento bíblico.

Así también, depositamos en la educación la transformación del mundo, a través de la transformación de la persona, que a su vez podía acceder a independizarse de tiranías sociopolíticas. Al final del siglo XX, vinimos a darnos cuenta que lo que aparecía como solución a los problemas sociales no pasó de falsa ilusión, al comprobar mediante los análisis dialécticos de muchos investigadores y autores, que la educación escolar era (y sigue siendo) una forma solapada de la cultura hegemónica para continuar en el poder, educando a la población según los intereses particulares de estos.

Esto significa que no por mucho ir a la escuela aprendimos a ser libres o autónomos para construir nuestro propio destino, salvo si es bajo los códigos de la cultura dominante. Pues bien, después de más de 40 años podemos decir que sí, educamos por y a través del movimiento. Pero ¿qué educamos? ¿A quién? ¿Dónde? ¿Para qué? ¿Para quién? Al parecer hemos estado respondiendo a la demanda sociopolítica de una porción privilegiada de la sociedad, aquella que no necesita postular a becas para ganarse el derecho a la educación. Esto puede ser un reflejo de la confusión entre instruir y educar o como indica Maturana, la consecuencia de haber privilegiado la capacitación por sobre la formación humano, el hacer sobre el ser.

Educar no es entrenar cerebros, tampoco se refiere al direccionamiento de los espíritus. La educación debería llevarnos al encuentro de seres humanos libre-pensadores en beneficio siempre de una sociedad más justa y tolerante. Hoy nos preocupa más cuanto sabe una persona que la fortaleza y bondad de su corazón. Nos interesa más cuanto vendo y cuanto compro. ¿Qué nos fue pasando? ¿Cómo nos convencieron? ¿Cómo nos fuimos contaminando? ¿Cómo podemos salir de ahí? Pero, más importante aún: ¿nos interesa salir de esto?

Tal vez las respuestas a estas preguntas se encuentren en el mismo proceso de escolarizacion, pero mientras los sistemas educativos no consideren la opinión y la cosmovisión de todas las expresiones culturales, de todas las formas de vivir, de todos los que tienen algo que decir, seguiremos en este pantano de ilusiones que nos hace creer que otro mundo es posible. Otro mundo nunca será posible si continúo en el camino de perpetuar el estatus quo, de rendir pleitesía a la cultura dominante, de rendirme frente a mis propios sueños.

Me rebelo frente a lo que se me enseñó, frente a mi propia educación; me rebelo a las máximas, premisas y métodos de aprendizaje. No es el “movimiento” lo que da significado a mis intervenciones, soy yo quien otorga significado a las cosas, al mundo, y yo soy mucho más que movimiento, mucho más de lo que hace mi cuerpo, construyo mi realidad en cada pensamiento, en cada imagen que nace impulsada por mis sentidos. No quiero definiciones, no quiero verdades. Siempre hay otra manera de hacer, ser y existir.

 

El cambio como proceso evolutivo

“cambia todo cambia” escuchamos en la voz de Mercedes Sosa… cambiar es necesario para sobrevivir… nada es para siempre se dice de los amores… y lo unico permanente es el cambio sostienen algunos filosofos.

Pero la Educación Física no cambia. Todo continúa igual en el papel y en el aire. Las clases aun comienzan con el “calentamiento” y se ponen notas a la cantidad de abdominales o cantidad de vueltas a una cancha. Nadie explica nada. Niños y niñas sufren la “culpa” de un cuerpo “lento”, “descoordinado”, “gordo”, y escuchan constantemente: “debes practicar un poco más”.

No me parece aceptable que viendo lo que vemos y sabiendo lo que sabemos, no hagamos nada para cambiarlo. No porque cambiando sea mejor, sino simplemente porque el cambio es algo necesario al desarrollo y evolución del universo, y, más que necesario, su propia esencia. En el fondo, no cambiar significa, irremediablemente, perecer. Y, como de todas formas, unos antes otros después, todos pereceremos, lo más cuerdo parecería ser dejar las cosas como están; pero como también el hombre, en su esencia más íntima se rebela a su destino, finalmente me rebelo a perecer en la inanidad, me rebelo, me niego, a llegar al final de algún camino, sabiendo que pude haber hecho algo distinto, pero que en mi cómoda y cobarde resignación, nada hice.

Por ello me declaro, públicamente, en contra de medidas y evaluaciones de rendimientos corporales, no me interesa saber cuánto corre, cuanto resiste un cuerpo humano. Estas mediciones traen a mi memoria la búsqueda de la “raza perfecta” del “sueño” nazzi, la soberbia y prepotencia de quienes arreglan todo con el uso de la fuerza, de las armas, de la violencia. Me recuerda ese afán casi genético de querer destacar las diferencias y no las semejanzas que existen entre los seres humanos. No estoy por negar el derecho que tiene cada persona de elegir o construir su propio destino, pero me parece que en dicha construcción no puede estar presente el destruir o ignorar a los otros.

Por otra parte, quienes sostienen que la Educación Física tiene la responsabilidad de educar hacia la integralidad del individuo deben recordar que el concepto integralidad nos obliga a pensar y actuar en razón de cuatro dimensiones humanas, y no sólo lo físico y orgánico. No puede ser que habiendo pasado siglos desde la creación del concepto Educación Física, aún actuemos bajo los códigos y parámetros del siglo XVII. Se supone que pienso, que siento, que he estudiado para superar lo establecido, para modificar lo que mis profesores no modificaron, no porque no quisieran, sino porque no tenían la información que nos ha llegado con el siglo XXI. Se me enseñó a entrenar cuerpos, se me habló del citius, altius, fortius, como ese ideal griego del ser humano perfecto. Admiré la cultura griega, admiré a sus pensadores y aun hoy admiro cómo con tan poca información construyeron tan valiosas premisas, pero esa admiración sufrió un vuelco al enterarme también, que a los esclavos, extranjeros y mujeres no se les estaba permitido participar de muchas de las actividades de la “polis”.

Y fue a eso que ellos llamaron democracia y hoy creemos que democracia es participación y derechos de igualdad para todos. ¿de dónde sacamos eso? El deporte nos educa, decimos y afirmamos como si de una ley bíblica se tratase, pero rara vez re-pensamos o re-pasamos dicho diálogo. ¿Educa el deporte?, ¿a quién? ¿Bajo qué premisas? ¿Para beneficiar a quien? El uso político que se hace del deporte es una lectura que muy pocos pueden hacer y, evidentemente, a los poderes de turno no le conviene que revelemos tales intenciones; el éxito, reservado a muy pocos talentos (que deben dejar la vida en ello), casi nunca llega a las poblaciones más vulnerables; se regalan balones y camisetas de jugadores famosos, se les cortan los pastizales para aplanar un sitio eriazo que las damas, mamás y abuelas, adornan como pueden para darle un aroma a estadio, suficiente para que en la pichanga o torneo del barrio los “deportistas” puedan mitigar su hambre de justicia, dignidad y libertad.

Cada uno de los paradigmas por los cuales ha pasado la Educación Física representa la fuerza cultural dominante del momento. En sus comienzos los que estaban en el poder decidieron que era necesaria una disciplina que educara la temperancia, el orden, la higiene y un sólido amor a la patria, es decir, una escuela militar en un recinto escolar infantil. Es comprensible que quienes se encuentran en posición de poder decidan lo que otros deban hacer, buscan lo que creen es mejor para su sociedad y poner al servicio de sus intereses la mano de obra necesaria.

Hoy, casi tres siglos después de la fundación del concepto Educación Física, volvemos a someternos a los dictámenes de la contingencia cultural y social. La sociedad está enferma de obesidad, la sociedad es sedentaria y eso no es bueno para los intereses económicos de un país, puesto que se pierde mucho dinero tratando de disminuir los riesgos de mortalidad y los gastos en tratamientos de salud al respecto.

Para ello se les ha ocurrido que debemos hacer más ejercicio físico y modificar nuestros hábitos de alimentación. Y en relación al ejercicio se les ha ocurrido también que la Educación Física es responsable por esta variable. Nada en contra de eso de no ser por el hecho de que una disciplina curricular no puede hacerse responsable de una problemática con claras evidencias culturales, y en este sentido, es toda una cultura que hay que considerar. No es una disciplina la que arreglará el problema, es una sociedad que debe tomar consciencia de la cultura en la que vive y buscar, en su conjunto, alternativas de acciones que vayan más allá del ejercicio físico. Es un Estado que, anunciando que la obesidad es un “problema país”, el responsable por facilitar las condiciones materiales para permitir una dinámica interdisciplinar y multifactorial.