¿PARA QUÉ EVALUAMOS?

¿PARA QUÉ EVALUAMOS?

 

Parto diciendo que, si no se toman decisiones a la luz de los resultados de una evaluación, dicha evaluación no tiene ningún sentido. Evaluar es un proceso biológico (calificar es cultural) que, el cuerpo humano y más específicamente la mente, utiliza para tomar decisiones. Esto es, cuando Ud. Necesita cruzar una calle mira hacia ambos lados, mira el semáforo, la velocidad de los vehículos, la distancia que hay hacia lo otra vereda, etc. Todo ello forma parte de un proceso de evaluación interna que lo llevará a tomar una decisión: cruzar la calle o no. Muchos accidentes son producto de malas decisiones previo una pésima evaluación. Los procesos fisiológicos de nuestra anatomía constantemente están evaluando cada uno de los funcionamientos de los órganos internos. Y cuando observa algún desajuste, evalúa las condiciones y toma una decisión: aumentar los latidos del corazón para, a la vez, aumentar la cantidad de sangre que el cuerpo necesita en alguna parte especifica. Ahora, ¿Cuántas evaluaciones realizamos en el medio escolar sin tomar ninguna decisión después de ver los resultados y seguimos evaluando sin importar las consecuencias? Resumen: cuando no se toman decisiones la evaluación que realizamos fue un simple protocolo para cumplir con las normas que el sistema solicita, por lo tanto, esta no tendrá ningún efecto sobre los aprendizajes de quienes fueron evaluados. Por otra parte, existe una intencionalidad en los sistemas de calificación (test, pruebas, certámenes, interrogaciones, disertaciones), incluso con cierto aroma a maldad, una tendencia a averiguar qué fue lo que el alumno NO aprendió; si esa es su intención al evaluar créame que las decisiones que tomará serán hechas sobre la base de una falsa premisa: que los alumnos no aprendieron o no alcanzaron los objetivos. Es tan así, que muchos estudiantes, cuando estudian, están más preocupados de que aspectos de la materia entrarán en la materia más de lo que están aprendiendo. Incluso la pregunta “Profesor, ¿esto es con nota?” indica que la centro no es el aprendizaje, sino la calificación. Esto interpela al pedagogo a crear formas y métodos que cambien el centro de preocupación, de la nota al aprendizaje. Por ello conviene, de vez en cuando, crear sistemas de evaluación que permitan averiguar qué es lo que sí han aprendido y una forma de hacerlo es entregar una hoja en blanco y dejar que los estudiantes decidan como responder al desafío: “Escriba, grafique o describa lo que ha aprendido en esta clase o materia”. Es evidente que no todos responderán de la misma manera, pero todos responderán algo y ese algo es el aprendizaje de ese alumno. Ahora, el profesor deberá determinar, sobre la base de los resultados particulares y generales, que decisiones debe tomar para retroalimentar o decidir si lo fundamental está aprendido y que el objetivo se ha alcanzado. Por otra parte, es bueno recordar que el proceso de enseñanza/aprendizaje necesita de tiempos y espacios que inviten a la reflexión, evitando ambientes tensos y con aroma a castigo. Evaluar es necesario, pero su justificación se basa en la toma de decisiones. No tomar decisiones contradice todo proceso de evaluación. Un proceso que de todas maneras ocurrirá, estemos conscientes de ello o no, pero estar conscientes de dicho proceso evitará accidentes y resultados negativos de aprendizaje.

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