EL mito de la competición

EL mito de la competición

Aun no encontramos la forma de vivir en sociedad que no sea compitiendo…o quizá sabemos, pero el orgullo y la vanidad no nos dejan. Buscamos ser mejores sin darnos cuenta que para ello no necesitamos ganarle a nadie. Bueno, algunos puede que necesiten ganarle a otro para sentir que han ganado algo. Ya la vida en sí misma es una gran faena como para sentirse ganador al despertar cada mañana… pero claro, a veces ya se es demasiado viejo para darse cuenta de eso y aprender a disfrutar de las cosas simples de la vida…como la compañía de un amigo o la pareja o la efervescente sonrisa de un niño. El asunto se torna más complejo cuando, entre tanta contradicción conceptual, a los niños y niñas se les pide que sean cooperativos, que compartan con sus compañeros, mientras se les evalúa individualmente y se les motiva, precisamente, a ser mejores que el otro (¿?). Los premios a fin de año son para los que se han ganado un puesto entre las mejores calificaciones, el mejor compañero, la más brillante, a la usanza del “citius, altius, fortius” griego. Buscamos como destacar a quien se alza por sobre los demás, nada malo habría en ello si se considerara que no todos poseen ni las mismas oportunidades ni las mismas condiciones para competir. El mundo, la vida, es decididamente injusta al respecto. Empecé a competir (atletismo) cuando tenía unos 12 años más o menos, más bien me llevaron a competir, alguien me vio correr en la calle y pensó que yo podría ganarle a alguien en una pista. Lo que nadie podía saber, ni yo mismo sabia, es que cuando corría en la calle era por pura y efervescente diversión, la pista de recortan no me causaba ninguna gracia. (admiro y respeto que a otro si) Me hicieron competir hasta más o menos los 20 años cuando conocí la GRF (interesados al respecto de que es la GRF buscar en:  https://luislinzmayer.com), una forma de aprender divirtiéndose y aun sin competir, sudando mucho. Dejé el atletismo, regalé mis tres medallas, dejé todo deporte competitivo y me puse a descubrir que había en aquellas actividades humanas que no formaban parte del mundo competitivo. Uno de los descubrimientos fue que compitas o no, si quieres algo bueno en tu vida, debes trabajar duro, la única diferencia es que no te darán un premio por eso. Hemos sido tan ciegos respecto de la competición que no observamos que es un mito. Es decir, podemos ser tan libres o soberanos compitamos o no. Y, como buen mito, algunos creen en el como la única alternativa de superación, de ser alguien, de alcanzar la inmortalidad. Nos hemos contaminado de tal manera que ya se naturalizó (en todos los idiomas) la expresión “gobierno y oposición” (¿cómo sería si el lenguaje, creador de realidades, expresase: “gobierno y colaboración”?) Queda mucho espacio en la colaboración como para que los méritos se los lleve cualquiera, y es a lo que le temen los que no sabes perder. Pero si reducimos la vida a los actos de ganar y perder, no podremos visualizar los aprendizajes que hay en medio, entre la vida y la muerte, especialmente si vemos la muerte como un acto de perdida. Nada hay más allá de aquello que connotamos como “victoria”, ni nada menos acá de aquello que llamamos “derrota”, es decir, la vida sigue, igual, mejor o peor que antes, todo es cuestión de perspectiva, como las expresiones escritas en este pequeño ensayo, eso nada más… una simple y llana perspectiva de alguien que eligió no competir para ser algo o alguien en la vida.

 

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A propósito de este asunto…

A propósito de este asunto…

En este estado de cosas en las que el abuso y la violencia ya comienzan a formar parte del paisaje cotidiano, especialmente hacia la mujer y los niños (no digamos que es un paisaje desconocido, lo que pasa es que ahora hay medios para enterarse, pero este abuso es ancestral, endémico y de raíz patriarcal), me nacen algunas cuestiones que busco resolver y que, de paso, invito a los lectores a colaborar con posibles respuestas. ¿Cómo aprende el ser humano a hacer diferencias de género? ¿Cómo aprende la idea que un género es más importante o más fuerte que el otro? Y, contrariamente, ¿cómo podría aprender que, si hay diferencias, estas son necesarias para la evolución y mantención de la especie humana? ¿cómo enseñarle a un niño o niña que, precisamente, lo que nos hace humanos son esas diferencias? ¿por qué algunas personas connotan como algo malo la igualdad de trato? Convengamos que si bien no es necesaria la igualdad de género (biológicamente imposible y culturalmente aberrante), sí debería existir la igualdad de trato. Y, ¿qué es una igualdad de trato? ¿cómo se manifiesta esa igualdad de trato en el día a día? Me parece que cuando separamos niños y niñas en las clases de Educación Física estamos incentivando la desigualdad, pues da la impresión que tal separación obedece a la creencia de que existen contenidos o actividades exclusivamente “femeninas” y otras exclusivamente “masculinas”. Yo pienso que los separan para comodidad de los profesores, pues, por cierto, es complejo educar damas y varones juntos en la dinámica del movimiento o la acción motriz, porque seguramente las damas elegirán actividades diferentes a los varones. Y es muy posible que así sea, pero nuestra función educadora es, precisamente, educar en la diversidad, con la diversidad y para la diversidad. Para educar en la homogeneidad no es necesario poseer un título profesional. Somos diferentes, pero no para ser tratados en forma diferente, si en forma diferenciada. Y esto puede regularse con las exigencias de una misma tarea. Es decir, la terea puede ser la misma, pero realizada en forma diferente y diferenciada, pues no todos podrán resolverla de la misma forma, y no solamente por alguna cualidad especial, sino porque algunos son más creativos o autoexigentes. Toda vez que hacemos, intencionadamente o no, algún tipo de diferencia (social, intelectual, física, afectiva, motriz, etc.), lo que hacemos es una discriminación que solo deja feliz a quien la aplica, pero aquel que se siente o es derechamente discriminado por ser diferente, solo siente dolor y poco a poco va generando resentimiento en relación a esa diferencia. Me parece que, dentro de las pedagogías, la Educación Física tiene grandes posibilidades de ayudar a disminuir estas escalada de violencia y agresión, claro que para ello es necesario un cambio de paradigma, tanto en la formación como en la actuación profesional, pues el paradigma actual (deportivo-competitivo) es el fiel reflejo de una cultura patriarcal que basa sus acciones en la búsqueda de poder y control, dividiendo a los seres humanos en ganadores y perdedores, fuertes y débiles, lentos y rápidos, gordos y flacos, titulares y banca, etc. También claro, algunos justificarán todo ello como natural y necesario. Lo que no dicen es que es natural y necesario para sus propios intereses y no hay mayor interés, para algunos, que mantener las cosas tal cual están porque les es conveniente y necesario.

Cultura Corporal y Niveles de Complejidad e Impacto del proceso enseñanza-aprendizaje

DestacadoCultura Corporal y Niveles de Complejidad e Impacto del proceso enseñanza-aprendizaje

            Estos niveles implican diferentes etapas de desarrollo que puede alcanzar el proceso de enseñanza y aprendizaje, considerando la utilización de la cultura corporal del individuo.  Informativo, significativo, relevante y trascendente.

 

1.- Nivel de complejidad e impacto informativo

Según Perrenoud, (2001, p.28), la información es exterior al sujeto y de orden social; el conocimiento es integrado al sujeto y de orden personal; el saber es la alianza entre los dos polos. El saber se construye en la interacción entre el conocimiento e información, entre el sujeto y ambiente, en la mediación y a través de ella. Considerando esto es que podemos darnos cuenta que todos los profesores ‘informamos’ alguna cosa. De hecho, sabemos que la palabra profesor proviene del acto de profesar que a su vez hace alusión al acto de hablar en público, es decir, toda persona que realiza declamaciones públicas podría ser considerada profesor. Pero también las palabras contienen un sentido sociohistórico, o más bien, están imbuidas de los procesos sociales, y van adquiriendo los matices de quienes las pronuncian y representan un significado más allá de la etimología. Por ello, se espera del profesor algo más que información. En este nivel se asume la función de un periódico o como lo haría una emisora de noticias, transmitiendo a los estudiantes una gran cantidad de información que muy probablemente será olvidada tan pronto acabe la clase. El alumno no encuentra relación entre aquello que se le informa y las cosas que están sucediendo en su vida. Si el saber se construye en la interacción entre la información y el conocimiento, entre el sujeto y el ambiente, los procesos de aprendizaje en las clases de Educación Física obligan al profesor a crear dichos ambientes en el sentido que, si se entrega una información, esta debe procesarse de inmediato en un ambiente en el que se represente dicha información. Esto exige crear metodologías participativas, innovadoras y contextualizadas. Asimismo, en este nivel, el alumno no consigue hacer relaciones entre las diferentes materias, ya que muchas de esas materias se “encierran” en sus disciplinas y los profesores no planifican en conjunto, interdisciplinarmente. Y si el estudiante no es capaz de crear relaciones entre distintos conceptos, no podrá comprender el fenómeno en su totalidad. Este es el nivel de las metodologías discursivas, frontales y verticales, dando poca o ninguna importancia a las inquietudes de los estudiantes. Se podría decir que el nivel informativo es el nivel de impacto más básico del aprendizaje, y muchos, sea por la falta de estímulo o por la ausencia de un profesor creativo y crítico, se quedan en este nivel para siempre. Comprender la dinámica pedagógica en el nivel de información no es complejo. En el caso de la Educación Física, el profesor muestra ejercicios que los alumnos reproducen sin analizar o cuestionar los significados. Una serie de “técnicas correctas”, que los alumnos deben ejecutar y acercarse lo mejor que puedan al “modelo” para obtener una buena calificación. En general, el contenido es el mismo siempre y coincide con lo que el profesor más domina. Esta es la Educación Física militarista, del hacer sin reflexionar sobre ese hacer. En este nivel lo que importa es lo que se enseña, no lo que se aprende. Se dificulta entender para qué se hace lo que se hace y la forma en que se hace. El hacer se aleja del comprender. Y si los alumnos no hacen preguntas mucho mejor. En este nivel se desestima lo que el estudiante trae como conocimiento previo, su cultura y forma del ver el mundo. Se le trata como un objeto que debe “contener” la información que se le entrega y luego “reproducirla” sobre una hoja de papel o una cancha de gimnasio. Lo que prevalece es la re-producción de patrones pre-establecidos, de conductas aprendidas por otros en otros contextos, donde la persona tiene escasas posibilidades de reconocerse como transformador del mundo.

 

2.- Nivel de complejidad e impacto significativo

El aprendizaje significativo es más que una acumulación de hechos, que provoca una modificación en el individuo sea en el comportamiento, en una acción futura, en sus actitudes o en su personalidad. Colocado en palabras de Carl Rogers (1982, p.258): Es un aprendizaje penetrante, que no se limita a un aumento de conocimientos, pero que penetra profundamente todas las dimensiones de su existencia. Obviamente, para que el aprendizaje sea significativo, la enseñanza debe ser también significativa. Entonces, ¿cuál es la enseñanza significativa? Es aquella que “significa” alguna cosa para el alumno. ¿Será que la “voltereta” y la “invertida” significan algo para nuestros alumnos? Lo significativo está directamente relacionado con los intereses de los participantes del proceso de aprendizaje, con su cotidiano, sus preocupaciones, su deseo de encontrar sentido en todo lo que hacen o no hacen. En este nivel, la Educación Física puede ayudar considerando la cultura corporal propia de cada edad y grupo social, las prácticas corporales que identifican a un grupo o sociedad. Es decir, la enseñanza es significativa para el alumno cuando el contenido “habla con él y de él”, esto es, comienza a comprender las relaciones que hay entre lo que él y sus contemporáneos hacen y las otras expresiones culturales. Aquí estamos en el nivel en el cual el alumno entiende, orientado por su profesor, el porqué de un contenido. Esto implica considerar el dominio conceptual y no el domino técnico como eje del proceso pedagógico (Pérez Gallardo & Linzmayer, 2013). Si bien el profesor es responsable de la socialización de contenidos validados en planes y programas de estudio, su responsabilidad pedagógica está en saber reconocer lo que es propio de cada edad considerando el medio socio-cultural en la cual está inserto el sujeto que aprende. Es decir, el aprendizaje alcanza el nivel de complejidad e impacto significativo cuando el profesor ha conseguido problematizar dicho conocimiento colocando al alumno frente a sí mismo y su circunstancia.

 

3.- Nivel de complejidad e impacto relevante

En este nivel es importante establecer la diferencia que existe entre orientar y dirigir en los procesos educativos, ya que dirigir hace alusión al acto de tomar el volante de un automóvil para llevarlo donde nosotros queremos que vaya. El niño o niña, el adolescente, no es un automóvil. Las personas deben ser orientadas, no dirigidas, para tomar en algún momento de sus vidas, sus propias decisiones. La diferencia entre dirigir y orientar está en el hecho de que en el acto de dirigir existe una manipulación directa y forzada de las respuestas de los alumnos, en cuanto que, en la orientación, el profesor sólo ofrece posibilidades, caminos, dejando al alumno elegir entre esas posibilidades la que más responda o se coordine con sus características y circunstancias. Una de las principales diferencias es la presencia del profesor sin prejuicios e intentando humanizar los problemas que se presentan, en el sentido de mantener un equilibrio entre lo que los estudiantes pueden, deben o quieren hacer. Se debe intentar ir más allá de la individualidad en razón de una sociedad que respete y acepte las diferencias, ya que si existe algo que nos hace iguales como humanos es precisamente el hecho de ser diferentes. Según De Masi (2003, p.131): el gran desafío con el cual la psicología se depara desde que nació consiste en comprender y explicar la normalidad de la diferencia: por qué el cambio es incesante; por qué los sistemas sociales, aun cuando se alteren continuamente, consiguen conservar la propia identidad; por qué el entrelazamiento siempre diverso de factores siempre iguales es capaz de producir resultados que son iguales y diferentes al mismo tiempo. Siguiendo la línea de raciocinio de De Masi, en este nivel una de las funciones del profesor es problematizar el proceso de aprendizaje colocando al alumno y alumna frente a su existencia sociocultural, como individuo y persona que puede y debe contribuir con cambios que permitan la formación humana necesaria para generar ambientes en los cuales sea posible respetar las diferencias en paz y libertad. También en este nivel comienza un desarrollo más abierto de la autonomía, ya que para que la enseñanza sea relevante, debe existir la libertad suficiente y necesaria para construir respuestas propias e innovadoras, en la creación de grupos de interés. El profesor, junto a sus estudiantes, establece los criterios necesarios, actividades y metodologías, que permitan un desarrollo autónomo, tanto individual como grupalmente. Cuando el alumno comienza a tomar decisiones que implican evaluar y determinar lo que es mejor para él y para su grupo, el proceso de enseñanza aprendizaje comienza a ser relevante. El nivel relevante considera el contexto socio-histórico en el cual sucede el proceso. Nada de “memorizar”, mucho para relacionar. ¿Qué tiene de común algunos de los principios de Newton y los contenidos de la Educación Física? ¿Será que podemos encontrar una relación entre el fútbol y los problemas de desigualdad social? ¿Cómo creamos nuestra concepción de país? ¿Cuál es la cosmovisión de los involucrados y como esta cosmovisión se conjuga con los otros seres de la naturaleza? Un proceso de enseñanza-aprendizaje relevante significa darle sentido a una serie de contenidos supuestamente inconexos, pero, sobre todo, llevar al alumno a cuestionarse sobre el propio conocimiento y determinar los rangos de diferenciación entre saber y conocer. Tan importante como jugar fútbol es comprender cómo se manifiesta ese deporte en la sociedad y lo que representa para las diferentes culturas. Aprender a leer “entre líneas”, descifrar que quieren decir algunas propagandas con determinados mensajes. Comprender lo qué hay detrás de los intereses de la publicidad. Las músicas, las obras de teatro, los discursos políticos, las demandas sociales, entre otros fenómenos. Este es el nivel en el cual se estimula el pensamiento y la actitud crítica. Desde el punto de vista pedagógico podemos utilizar aquí lo que Schönardie (2001) propone como evaluación por compromiso, queriendo decir que el valor pedagógico está en el compromiso que el alumno adquiere con su propio aprendizaje, comprometiéndose, junto a su profesor, a responder a los acuerdos tomados. Aquí se espera que el alumno haya comprendido no sólo el por qué sino también el para qué de las cosas, cuáles son las relaciones conceptuales entre diferentes fenómenos de la naturaleza y la cultura. En el caso de la Educación Física escolar, además del dominio conceptual, el alumno podrá manifestar preocupación e interés por ayudar a su comunidad escolar o donde vive. De ahí la importancia de aprovechar el espacio extra-escolar para crear y administrar grupos de intereses diversos. Por ello podemos decir que la Educación Física, diferente de otras disciplinas del currículo escolar, tiene más posibilidades de alcanzar y desarrollar este nivel de complejidad e impacto, porque va más allá de la sala de clases. Es importante recordar aquí lo que nos dice Morín, en razón de lo humano del humano, indicando que lo que agrava la dificultad de conocer nuestro mundo es el modo de pensamiento que se ha atrofiado en nosotros, en vez de desarrollarla, la aptitud de contextualizar y globalizar las dinámicas relacionales humanas, materiales y espirituales, individuales y sociales. Estar en el nivel de complejidad e impacto relevante, exige una lectura del bosque sin perder de vista cada uno de los árboles que lo componen.

 

4.- Nivel de complejidad e impacto trascendente

Uno de los problemas que se presentan en los procesos educativos escolares es que nosotros, educadores, trabajamos con y en el conflicto humano de dar sentido a la existencia como seres vivos pertenecientes a un macro sistema en constante evolución. En dicha perspectiva, la Educación Física adquiere una especial relevancia en el desarrollo de una actitud positiva y afectiva frente a los acontecimientos diarios, que permita al individuo moverse con éxito por las diversas circunstancias de la vida. Nuestra existencia se manifiesta a través de una presencia física en el mundo, que nos define como individuos y seres humanos que pertenecen a un momento histórico especifico, vivenciado en una realidad socio cultural particular.

¿Qué significa trascender en el proceso de aprendizaje? Significa que el alumno comprende que su individualidad, su existencia, se manifiesta a través de los otros, esto es, se observa y refleja en los otros y, junto a otros, vislumbra el sentido de su vida, los necesita y lo necesitan. El conocimiento trasciende desde el sujeto hacia algo fuera de él, se eleva en busca de otros horizontes, sobrepasa los límites de la experiencia material buscando realizarse como persona consciente de su entorno y de las variables que afectan el comportamiento humano, tanto individual como social. Significa, además, el pasaje o transición del alumno hacia un parámetro más allá de sus propios intereses, vinculando su individualidad a un proceso social, que le permite superar sus propios límites para auto determinarse, realizando elecciones en libertad de consciencia. La existencia individual se transforma en existencia social, comprendiendo y aceptando una determinada pertenencia socio cultural, manifestando un compromiso con los valores de esa sociedad históricamente situada. Esto tiene relación con la búsqueda de la felicidad y autorrealización del individuo. Equilibrio entre ser, tener, pensar, sentir, saber, hacer y estar, lo que será posible en la medida que el educador lleva a los alumnos a cuestionarse frente a los acontecimientos cotidianos, propios y ajenos, estimulando la empatía y la alteridad, considerando las características individuales y contextualizando el proceso pedagógico. Pero, sobre todo, considerando las experiencias que el niño, el joven y el adulto traen cuando llegan a la escuela, reconociéndolos como sujetos portadores de conocimiento. (Neira y Nunes, 2006). Todo esto sin la necesidad de generar comparaciones y sin necesidad de competir. Es aquí donde se puede vivenciar la cultura matríztica de la que habla Maturana (2007), ya que el trabajo comunitario lleva a la persona a considerar que no hay espacio ni oportunidad para las luchas de poder. Es la cooperación celular para dar vida al organismo completo y complejo. Dar a los alumnos y alumnas la posibilidad de construir sus propias respuestas, dando a entender que el conocimiento sin valores ni sentimientos, puede ser peligroso para toda la humanidad, (de la misma forma como puede ser peligroso el sentimentalismo sin conocimiento), una vez que somos producto de la historia al mismo tiempo en que la creamos. Esto, evidentemente, nos lleva a considerar discusiones de orden ético, observando y reconociendo que estar en el mundo nos obliga a tomar posición frente a determinados temas y situaciones que afectan a la humanidad, y, responder a las demandas provenientes de tales fenómenos con una actitud coherente y consecuente. En este nivel se produce la lectura de los códigos simbólicos, traduciendo los mensajes a las vivencias propias de los alumnos, buscando en dichas conexiones un nuevo conocimiento, generando la comunicación entre los sujetos y el fenómeno, entre el fenómeno y las distintas realidades. El aprendizaje trascendente nos lleva por el camino de la creatividad y la crítica constructiva en razón de una ciudadanía responsable y soberana. Esto es particularmente importante puesto que: el desarrollo de la criticidad, es indispensable para la capacidad de elecciones conscientes y, por consecuencia, para la asunción de la ciudadanía. Sin embargo, es preciso recordar que la criticidad por sí sola no basta para el ejercicio pleno de la ciudadanía. Tan importante como la criticidad es la creatividad, segundo movimiento, que reconstruye después de la desconstrucción. (Neira y Nunes, 2006, p.279). El profesor habrá conseguido integrar los aprendizajes a situaciones específicas, cuando las actividades expresen los intereses de los estudiantes y se extrapolen a la comunidad. Aquí se concretiza la responsabilidad social y la clase va más allá de la escuela. Los alumnos y alumnas entienden que no hay aprendizaje sin conexión con el contexto o con sus realidades sociales; que la responsabilidad social es consecuencia de un aprendizaje significativo y que la trascendencia se da en la medida en que respondemos éticamente a dicha responsabilidad. Es en este nivel en que los alumnos y alumnas se sienten importantes y responsables por los cambios que puedan producir en la sociedad. Constructores de su propia historia y actores de sus propias decisiones, los estudiantes, en este nivel, adquieren el protagonismo de sus propios aprendizajes, equilibrando sus intereses personales con las necesidades sociales de su comunidad.

Publicado en Revista Internacional de Pedagogía y Currículo
Volumen 3, Nº 1. 2016
ISSN 2386-7574

 

Capacidades y habilidades motoras

Las capacidades físicas, fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad son reconocidas como el potencial biológico que nos caracteriza como especie y que utilizamos para el desarrollo de las habilidades motoras (reptar, gatear, caminar, correr, empujar, traccionar, cargar/transportar, subir/bajar, saltar/caer, lanzar/recibir y que forman parte de la filogénesis del ser humano.

Hablando de Educación Física

Para hablar de Educación Física, primero hay que hablar de Educación.

Para hablar de Educación, primero hay que hablar de sociedad.

Y, si hablamos de sociedad, hay que hablar de cultura.

Y, si hablamos de cultura, hay que hablar de mundo.

Y, si hablamos de mundo, hay que hablar de vida.

Y, si hablamos de vida, hay que hablar de existencia.

Y, si hablamos de existencia, hay que hablar de sentido.

Y, si hablamos de sentido, hay que hablar de significados.

Y, si hablamos de significados, hay que hablar de lenguaje.

Y, si hablamos de lenguaje, hay que hablar de emociones.

Y, si hablamos de emociones, hay que hablar de naturaleza.

Y, si hablamos de naturaleza, hay que hablar de evolución.

Y, si hablamos de evolución nos daremos cuenta que si algo no ha evolucionado, es, precisamente, la Educación Física.

EDUCACIÓN FÍSICA DISRUPTIVA

EDUCACIÓN FÍSICA DISRUPTIVA

PRESENTACIÓN

Lejos de todo protocolo cientifico,  que el mundo académico reconoce como válido en asuntos  del mismo orden, es decir, escritos académicos, el presente libro es, en gran medida, producto de reflexiones e ideas que buscan repesentar una visión disruptiva de la educación en general y de la Educación Física en especial. De ahí que gran parte de estas ideas y reflexiones carezcan de absoluta objetividad. El texto no obedece a un carácter científico o de pretensiones académicas; no encontrará en este documento profundidad en el análisis y discusión conceptual, ni mucho menos animo de establecer orientaciones paradigmáticas ni pretensiosas verdades.

Mi invitación sugiere una mirada rupturista, pensando especialmente en el rol que le cabe a la escuela como formadora de ciudadanos libre-prensadores, críticos y autónomos. Lejos de la mirada mecanicista, objetiva, militarista y domesticadora, invito al lector a navegar por el mar de la incertidumbre, de la indefinición, donde todo puede ser posible y donde, especialmente, la mente se libere de caminos conocidos y teorías aprendidas de memoria. Ha sido un viaje con muchos tropiezos, pero sin duda que en cada tropiezo hemos aprendido algo. No hay aprendizaje sin errores, ni errores que no enseñen nada. Por último, o mejor dicho, comenzando, espero que para ustedes sea un viaje provechoso, nunca se sabe que puede resultar de una lectura, pero por lo menos, no podremos decir que no lo intentamos. Mi satisfacción será si en dicha lectura logro inquietar lo suficiente como para que cada uno busque más allá de lo aprendido, creando su propio diálogo interior y proponiendo otras alternativas al análisis y al debate.

La mayor parte de estas ideas y reflexiones han sido fruto de una praxis pedagógica que se ha ido creando conforme me he desarrollado como persona, estudiante, aprendiz y profesor, en estos casi 40 años de actuación profesional. Otras se han generado desde la discusión académica o de coloquios sociales, entretejiendo vivencias, aprendizajes, descubrimientos, invenciones y teorías que, una a una, han ido configurando lo que me atrevería a llamar: Educación Física Disruptiva. Entonces, lo que comparto con ustedes es mi pensamiento, mis convicciones, principios y valores de lo que estimo necesario aplicar en los procesos socio educativos que se desarrollan en ambiente escolar, especialmente en lo referente a la Educación Física.

A todos quienes dedican parte de su tiempo a mejorar tanto la propia vida como la de los demás, van dedicadas estas ideas y reflexiones disruptivas con respeto, cariño y sinceridad.

 

 

Disruptivo porque…

…no comulgo con las practicas “educativo físicas” que ponen al movimiento físico como objeto de estudio de la Educación Física…

…propongo como objeto de estudio las emociones, el lenguaje corporal, la gestualidad cultural, la cultura corporal patrimonial…el ser sobre el hacer…

…me niego a utilizar test estandarizados que obliguen a niños y niñas a someterse a medidas y evaluaciones que irrespetan su cultura corporal…

…no creo en las evaluaciones del rendimiento físico como prueba de un aprendizaje…

…me opongo al uso y abuso de los cuerpos como justificación de una “buena salud”…

…me rebelo frente a mis propios aprendizajes y busco una nueva formación en la deformación de lo aprendido…

…pienso que la Educación Física se encerró en las cuatro líneas de una cancha, en la elíptica de una pista de atletismo, en los fierros de las pesas, en el tejido adiposo…

…y, por lo anterior, no ha podido dar respuesta a las problemáticas socioculturales de niños y niñas, especialmente los más vulnerables, los más pobres…

…porque la Educación Física, en su teoría y práctica, no ha superado su funcionalismo, utilitarismo y asistencialismo, desarrollando mentes y cuerpos obedientes y sumisos al orden establecido por la cultura dominante…

…en general, las sociedades aun confunden deporte, actividad física, ejercicio físico, con Educación Física…

…su propia nomenclatura ya no puede responder a las necesidades, características e intereses de niños, jóvenes y adultos del siglo XXI…

…pienso que una pedagogía que basa sus procesos didácticos en correr y saltar no puede llamarse pedagogía…

…cualquier pedagogía se basa, primeramente, en una mirada y postura filosófica que busca resignificar los fenómenos culturales, valorizando lo propio en una dialéctica de respeto mutuo…

…la configuración “calentamiento, desarrollo y final” de una clase ya no se sostiene como proceso didáctico…

…creo en una cultura matriztica que posibilite la igualdad de género en deberes y responsabilidades, comprometiendo al ser humano a la creación de una sociedad más equitativa y equilibrada en su desarrollo social…

…adhiero a una pedagogía de la cultura corporal (Neira y Nunes, 2006) en la cual la Educación Física desarrolle sus contenidos desde las propias vivencias corporales de niñós y niñas, transformado al objeto en sujeto histórico capaz de crear su propio mundo.

 

 

INTRODUCCIÓN

“Los pensadores más admirables no separan su trabajo de sus vidas. Toman ambos muy en serio para permitir tal disociacion, y deseam usar cada una de esas cosas para el enriquecimiento de la otra”.

(Paulo de Salles Oliveira, 1998)

Los que fuimos formados entre las décadas de los años ‘70 y ‘80, escuchábamos con mucha frecuencia y, a veces insistencia, que nosotros, los profesores de Educación física, educábamos a las personas a través del movimiento, o que el movimiento era nuestro objeto de estudio o que en el movimiento debíamos intervenir con el fin de re-educar, sobre todo en los aspectos motrices. Ha pasado un tiempo considerable, más o menos 40 años y continúo escuchando las mismas “máximas”, como si se tratara de un mandamiento bíblico.

Así también, depositamos en la educación la transformación del mundo, a través de la transformación de la persona, que a su vez podía acceder a independizarse de tiranías sociopolíticas. Al final del siglo XX, vinimos a darnos cuenta que lo que aparecía como solución a los problemas sociales no pasó de falsa ilusión, al comprobar mediante los análisis dialécticos de muchos investigadores y autores, que la educación escolar era (y sigue siendo) una forma solapada de la cultura hegemónica para continuar en el poder, educando a la población según los intereses particulares de estos.

Esto significa que no por mucho ir a la escuela aprendimos a ser libres o autónomos para construir nuestro propio destino, salvo si es bajo los códigos de la cultura dominante. Pues bien, después de más de 40 años podemos decir que sí, educamos por y a través del movimiento. Pero ¿qué educamos? ¿A quién? ¿Dónde? ¿Para qué? ¿Para quién? Al parecer hemos estado respondiendo a la demanda sociopolítica de una porción privilegiada de la sociedad, aquella que no necesita postular a becas para ganarse el derecho a la educación. Esto puede ser un reflejo de la confusión entre instruir y educar o como indica Maturana, la consecuencia de haber privilegiado la capacitación por sobre la formación humano, el hacer sobre el ser.

Educar no es entrenar cerebros, tampoco se refiere al direccionamiento de los espíritus. La educación debería llevarnos al encuentro de seres humanos libre-pensadores en beneficio siempre de una sociedad más justa y tolerante. Hoy nos preocupa más cuanto sabe una persona que la fortaleza y bondad de su corazón. Nos interesa más cuanto vendo y cuanto compro. ¿Qué nos fue pasando? ¿Cómo nos convencieron? ¿Cómo nos fuimos contaminando? ¿Cómo podemos salir de ahí? Pero, más importante aún: ¿nos interesa salir de esto?

Tal vez las respuestas a estas preguntas se encuentren en el mismo proceso de escolarizacion, pero mientras los sistemas educativos no consideren la opinión y la cosmovisión de todas las expresiones culturales, de todas las formas de vivir, de todos los que tienen algo que decir, seguiremos en este pantano de ilusiones que nos hace creer que otro mundo es posible. Otro mundo nunca será posible si continúo en el camino de perpetuar el estatus quo, de rendir pleitesía a la cultura dominante, de rendirme frente a mis propios sueños.

Me rebelo frente a lo que se me enseñó, frente a mi propia educación; me rebelo a las máximas, premisas y métodos de aprendizaje. No es el “movimiento” lo que da significado a mis intervenciones, soy yo quien otorga significado a las cosas, al mundo, y yo soy mucho más que movimiento, mucho más de lo que hace mi cuerpo, construyo mi realidad en cada pensamiento, en cada imagen que nace impulsada por mis sentidos. No quiero definiciones, no quiero verdades. Siempre hay otra manera de hacer, ser y existir.

 

El cambio como proceso evolutivo

“cambia todo cambia” escuchamos en la voz de Mercedes Sosa… cambiar es necesario para sobrevivir… nada es para siempre se dice de los amores… y lo unico permanente es el cambio sostienen algunos filosofos.

Pero la Educación Física no cambia. Todo continúa igual en el papel y en el aire. Las clases aun comienzan con el “calentamiento” y se ponen notas a la cantidad de abdominales o cantidad de vueltas a una cancha. Nadie explica nada. Niños y niñas sufren la “culpa” de un cuerpo “lento”, “descoordinado”, “gordo”, y escuchan constantemente: “debes practicar un poco más”.

No me parece aceptable que viendo lo que vemos y sabiendo lo que sabemos, no hagamos nada para cambiarlo. No porque cambiando sea mejor, sino simplemente porque el cambio es algo necesario al desarrollo y evolución del universo, y, más que necesario, su propia esencia. En el fondo, no cambiar significa, irremediablemente, perecer. Y, como de todas formas, unos antes otros después, todos pereceremos, lo más cuerdo parecería ser dejar las cosas como están; pero como también el hombre, en su esencia más íntima se rebela a su destino, finalmente me rebelo a perecer en la inanidad, me rebelo, me niego, a llegar al final de algún camino, sabiendo que pude haber hecho algo distinto, pero que en mi cómoda y cobarde resignación, nada hice.

Por ello me declaro, públicamente, en contra de medidas y evaluaciones de rendimientos corporales, no me interesa saber cuánto corre, cuanto resiste un cuerpo humano. Estas mediciones traen a mi memoria la búsqueda de la “raza perfecta” del “sueño” nazzi, la soberbia y prepotencia de quienes arreglan todo con el uso de la fuerza, de las armas, de la violencia. Me recuerda ese afán casi genético de querer destacar las diferencias y no las semejanzas que existen entre los seres humanos. No estoy por negar el derecho que tiene cada persona de elegir o construir su propio destino, pero me parece que en dicha construcción no puede estar presente el destruir o ignorar a los otros.

Por otra parte, quienes sostienen que la Educación Física tiene la responsabilidad de educar hacia la integralidad del individuo deben recordar que el concepto integralidad nos obliga a pensar y actuar en razón de cuatro dimensiones humanas, y no sólo lo físico y orgánico. No puede ser que habiendo pasado siglos desde la creación del concepto Educación Física, aún actuemos bajo los códigos y parámetros del siglo XVII. Se supone que pienso, que siento, que he estudiado para superar lo establecido, para modificar lo que mis profesores no modificaron, no porque no quisieran, sino porque no tenían la información que nos ha llegado con el siglo XXI. Se me enseñó a entrenar cuerpos, se me habló del citius, altius, fortius, como ese ideal griego del ser humano perfecto. Admiré la cultura griega, admiré a sus pensadores y aun hoy admiro cómo con tan poca información construyeron tan valiosas premisas, pero esa admiración sufrió un vuelco al enterarme también, que a los esclavos, extranjeros y mujeres no se les estaba permitido participar de muchas de las actividades de la “polis”.

Y fue a eso que ellos llamaron democracia y hoy creemos que democracia es participación y derechos de igualdad para todos. ¿de dónde sacamos eso? El deporte nos educa, decimos y afirmamos como si de una ley bíblica se tratase, pero rara vez re-pensamos o re-pasamos dicho diálogo. ¿Educa el deporte?, ¿a quién? ¿Bajo qué premisas? ¿Para beneficiar a quien? El uso político que se hace del deporte es una lectura que muy pocos pueden hacer y, evidentemente, a los poderes de turno no le conviene que revelemos tales intenciones; el éxito, reservado a muy pocos talentos (que deben dejar la vida en ello), casi nunca llega a las poblaciones más vulnerables; se regalan balones y camisetas de jugadores famosos, se les cortan los pastizales para aplanar un sitio eriazo que las damas, mamás y abuelas, adornan como pueden para darle un aroma a estadio, suficiente para que en la pichanga o torneo del barrio los “deportistas” puedan mitigar su hambre de justicia, dignidad y libertad.

Cada uno de los paradigmas por los cuales ha pasado la Educación Física representa la fuerza cultural dominante del momento. En sus comienzos los que estaban en el poder decidieron que era necesaria una disciplina que educara la temperancia, el orden, la higiene y un sólido amor a la patria, es decir, una escuela militar en un recinto escolar infantil. Es comprensible que quienes se encuentran en posición de poder decidan lo que otros deban hacer, buscan lo que creen es mejor para su sociedad y poner al servicio de sus intereses la mano de obra necesaria.

Hoy, casi tres siglos después de la fundación del concepto Educación Física, volvemos a someternos a los dictámenes de la contingencia cultural y social. La sociedad está enferma de obesidad, la sociedad es sedentaria y eso no es bueno para los intereses económicos de un país, puesto que se pierde mucho dinero tratando de disminuir los riesgos de mortalidad y los gastos en tratamientos de salud al respecto.

Para ello se les ha ocurrido que debemos hacer más ejercicio físico y modificar nuestros hábitos de alimentación. Y en relación al ejercicio se les ha ocurrido también que la Educación Física es responsable por esta variable. Nada en contra de eso de no ser por el hecho de que una disciplina curricular no puede hacerse responsable de una problemática con claras evidencias culturales, y en este sentido, es toda una cultura que hay que considerar. No es una disciplina la que arreglará el problema, es una sociedad que debe tomar consciencia de la cultura en la que vive y buscar, en su conjunto, alternativas de acciones que vayan más allá del ejercicio físico. Es un Estado que, anunciando que la obesidad es un “problema país”, el responsable por facilitar las condiciones materiales para permitir una dinámica interdisciplinar y multifactorial.