Por lo general cuando hacemos referencia a esta palabra, tendemos a expresar que la belleza está en los ojos de quien mira, queriendo decir con esto que tal palabra representa la subjetividad de cada individuo respecto de aquello que le parece bello o no. Por otra parte los científicos han descubierto que la belleza obedece a variables biológicas más que culturales, esto es, la apreciación de lo bello está en nuestros genes y tiene como fin preservar lo mejor de la especie humana. Esto tiene relación con las emociones básicas innatas en la especie humana, no aprendidas. Nuestra capacidad para apreciar lo bello no depende tanto de los cánones culturales sino de la biología. La belleza es universal y la utilizamos para publicitar nuestra salud y fertilidad. Los niños son muy sensibles a la belleza y esto se comprobó con bebés de entre cinco y nueve meses de edad. Cuando se les mostró fotos de distintas caras, ellos se quedaban más tiempo observando aquellos rostros más bellos. También se ha demostrado que madres con bebés más bellos pasan más tiempo acariciándolos y cuidándolos. Nos regimos por lo visual porque el 50% del procesamiento superior de la corteza cerebral es visual. Ahora bien, todo esto tiene relación con la simetría, o sea, matemática. Estamos hablando de la secuencia de Fibonacci. La naturaleza está impregnada de esta sucesión numérica. Junto a esto también tenemos la siguiente formula (1:1,618) que se conoce como ley de proporción aurea o también conocida como el hombre vitruvio de Leonardo Da Vinci. ¿Y qué tiene que ver esto con educación? Sabiendo que belleza se relaciona con la simetría de los objetos, con la proporcionalidad, y si lo que queremos es una clase de Educación Física bella, debemos preocuparnos de estimular las cuatro dimensiones humanas y no solo una (cuerpo, mente, sociedad y espíritu). Desde ese punto de vista, muchas clases pueden catalogarse de feas, asimétricas desproporcionadas y desequilibradas, alejándose la posibilidad de producir una emoción que deje en los niños el deseo de continuar viviendo dicho momento o de querer volver a disfrutar del tan bella clase.

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