Aprendizaje Social

Valter Bracht, (Brasil, 1992), indica que muchos pedagogos de la Educación Física han realzado la contribución de la actividad deportiva en la socialización de los niños, contribución que ha sido utilizada como justificación para la inclusión de la Educación Física en los currículos escolares. En este sentido, las contribuciones indican que el niño a través del deporte aprende que entre él y el mundo existen los “otros”, que para la convivencia social precisamos obedecer determinadas reglas, tener determinado comportamiento; aprenden los niños, también, a convivir con victorias y derrotas, aprenden a vencer a través del esfuerzo personal; etc. Todas estas afirmaciones tienen en común el hecho de ser afirmaciones que identifican el papel positivo-funcional del deporte para el proceso educativo; privilegian los aspectos positivo-funcionales camuflando, de esta forma, los disfuncionales. Estas posiciones no parten de un análisis crítico de la relación entre la Educación Física/Deporte y el contexto socio-económico-político y cultural en que se objetivan, y si, de un análisis de la Educación Física/Deporte en cuanto instituciones autónomas y aisladas, o cuando mucho, como instituciones funcionales, o sea, como instituciones que deben colaborar para la funcionalidad y la armonía de la sociedad en la cual se insertan. La enseñanza de los deportes en las escuelas enfatiza el respeto incondicional e irreflexivo a las reglas, y da a estas un carácter estático e incuestionable, lo que no lleva a la reflexión y al cuestionamiento, esto es, forja un “conformista feliz y eficiente”; Así, afirma el autor, podemos decir que la socialización a través del deporte escolar puede ser considerada una forma de control social, por la adaptación del practicante a los valores y normas dominantes como condición para la funcionalidad y desarrollo de la sociedad. Uno de los objetivos que cumple el deporte escolar, entonces, es el de reproducir y reforzar la ideología capitalista, que a su vez busca hacer que los valores y normas insertas en ella se presenten como normales y deseables. O sea, la dominación y la explotación deben ser asumidas y consentidas por todos, explotadores y explotados, como natural, sin mayores cuestionamientos.

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