Aprender a saber

La educación es un proceso en el cual las experiencias que el alumno adquiere en su propio ambiente le sirven de base para obtener conocimientos más complejos, que pueden ampliar la visión del mundo y otorgarle autonomía y libertad, permitiéndole contribuir con su sociedad. Lo primero que aprendemos son las acciones que están a nuestro alrededor, dentro del grupo familiar, lo que les confiere a esos aprendizajes una relevancia, dado que son las formas de comunicación y convivencia de los progenitores las que pasan a ser registradas en nuestra memoria con un alto grado de afectividad y por esa razón, impregnadas en el inconsciente de cada persona. No en tanto, esa forma de apropiarse de las acciones del mundo social no es sistemática, siendo necesario que el alumno “aprenda a saber”, esto es, saber lo que está por detrás de lo que aprende, de los valores, de la historia y de la relevancia de esos conocimientos. La forma de expresar lo que sabemos y sentimos debe ser realizada por medio de alguna forma de comunicación. La forma más natural de comunicación es el lenguaje corporal. Para enseñar el lenguaje corporal debemos tener claro que la alfabetización de ese tipo de comunicación fue realizada durante la filogénesis del ser humano, así, cuando él nace ya posee todas las capacidades y habilidades para comunicarse corporalmente, apropiándose del mundo de las acciones por un método también filogenético que es la imitación. Por esta razón la pre-escuela (parvulario) debería enseñar las formas culturales del grupo familiar, ya que esta de cierta forma está tomando el lugar que históricamente le correspondió a la familia, sobretodo en la función educacional. El hecho más relevante de los contenidos de la cultura corporal es que ellos son conocidos, son de dominio público. Es difícil encontrar un niño que no sepa jugar o que no posea informaciones del juego antes de efectivamente ejecutarlo. En esta perspectiva lo indicado es saber qué es lo que el alumno sabe de aquello que queremos que vivencie y así utilizar ese conocimiento para aproximarlo al nuevo conocimiento, dado que la mayoría de las veces el nuevo conocimiento no es más que una variación de lo conocido. Saber lo que el alumno conoce es el punto clave de la metodología de la apropiación y el punto de partida de la acción pedagógica, ya que el punto de llegada en esa concepción, no existe.

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