Alguien me dijo una vez: “para ser efectivo hay que se afectivo”.

El aprendizaje para que marque positivamente debe ser siempre afectivo. Esta afectividad de la que hablamos tiene relación con situaciones de diversión, alegría y distensión. La diversión en la exploración de cada uno de los contenidos fluye espontáneamente una vez que los alumnos no son sometidos a situaciones de estrés. Sabemos que las situaciones de evaluación, generalmente, producen ansiedad y pánico de escena. Esto último puede ser fácilmente observado cuando se da un tiempo para que los alumnos practiquen un determinado ejercicio antes de la “prueba”. Si usted, profesor, observa bien, verá que la mayoría de los alumnos desarrollan los ejercicios sin mayor dificultad, pero cuando se presentan frente al profesor para ser evaluados simplemente fallan y obtienen una mala nota. Desde mi punto de vista, esto es no considerar la situación de estrés a la que un ser humano se somete cada vez que va a ser evaluado, lo mismo frente a un evento de competición. Se requiere mucha experiencia para no sentir esa ansiedad. Además, si voy a ser evaluado en aquello que no domino bien, es otro punto en contra para el aprendizaje. Esto nos obliga a buscar las metodologías que permitan que el niño o niña se desempeñe con éxito frente a sus desafíos, motrices o cognitivos. Pero, una metodología no garantiza el aprendizaje. De ahí que la afectividad sea tan importante. Todas las experiencias que involucran afecto, cariño, perduran por más tiempo en nuestra memoria. Y si queremos que nuestros niños y niñas continúen en sus vidas practicando actividades físicas, estas deben haber producido en su momento, satisfacción y realización personal, deseos de seguir en el juego. Por ello no todo debe ser evaluado, ojala si, permitir la mayor cantidad de vivencias motrices posibles, de tal manera que el niño o niña tenga una gran variedad de elementos donde elegir y donde sentirse bien participando. En el caso del deporte, un técnico afectivo, un entrenador que escucha a sus atletas, que comprende las situaciones especiales que muchas veces viven los jóvenes, es muy posible que obtenga mayores y mejores resultados que aquel entrenador indiferente y distante. Por otro lado, si comprendemos la Educación Física y el deporte como un medio para ser mejores personas y ciudadanos responsables, ser afectivo es un requisito indispensable para el logro de dichos objetivos. En el fondo, ser afectivo implica cuidar de los detalles y las formas en que se corrigen los errores o se dan determinados consejos. Una palabra cariñosa tiene mejores resultados que un grito o una mala palabra. La afectividad es algo que “afecta”, que produce en quien recibe el afecto, un “efecto” reciproco de querer dar el mismo cariño. En otras palabras, si quiero que sean cariñosos conmigo debo comenzar por ser afectivo en mis declaraciones y acciones cotidianas. No se trata de andar siempre sonriendo, se trata de estar consciente que existen muchas maneras de conseguir lo que queremos, pero una de las mejores será siempre con afecto y consideración por el sentimiento de los demás. Nadie quiere cometer errores, pero los errores suceden. Nadie vive en constante mala intención, pero las malas intenciones existen. El asunto es cómo elijo vivir y cómo reaccionar frente a los errores o las malas intenciones. La violencia no se elimina con más violencia. Por tanto, ser afectivo será siempre la mejor posibilidad de acción para mejorar las relaciones entre los seres humanos, y para educar en otros la capacidad de empatía y disculpar nuestra humilde humanidad.

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