Estados Alterados de Consciencia

Existen varias formas de drogarse, entendiendo por droga, todo elemento externo que ingresa al organismo y que produce una modificación del estado físico/orgánico del cerebro y que le permite centrarse en las sensaciones de placer eminentemente individualista, evadiendo o distrayendo su responsabilidad en la transformación de la realidad. Esta situación suele conocerse como “estados alterados de consciencia”. Algunos agentes estimuladores de estos estados son: enamoramiento, mariguana, deporte competitivo, etc. En estado de máxima excitación, el cerebro es invadido por neurotransmisores sobrecargados de endorfinas, una hormona que eleva la sensación de bienestar y placer, consecuentemente el individuo “siente” que todo está bien: ¿Cómo va estar sucediendo algo malo si me siento feliz?

Para el sistema cultural dominante (léase mercado neoliberal), es conveniente mantener a la población en un “estado alterado de consciencia”. El individuo, en este estado, se encuentra imposibilitado de “darse cuenta” de la manipulación que se ejerce sobre su voluntad, por lo cual es relativamente fácil tomar decisiones por él y utilizar el “momento” para venderle una situación social que lo mantendrá convencido de que “todo está bien” y que debe dar gracias al sistema que le otorga tales estados de placer. Poco importa que al “despertar” le invada una leve desesperación al enfrentarse a los compromisos, generalmente económicos, con el mismo sistema que acaba de comprar su voluntad… solo hay que esperar que el proveedor de la droga en cuestión les facilite una nueva dosis, ojalá más contundente que la anterior. Así, el circulo vicioso se transforma en una espiral que, por lo general, termina con un individuo des-estructurado emocionalmente, fácil de manipular, y entregado completamente al uso y abuso de los sistemas de poder dominante.

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Niveles Existenciales

La vida biológica se desarrolla de manera tal, que es posible observar diferentes niveles por los cuales pasa el ser humano antes de transformarse en un adulto plenamente evolucionado, precisamente para constituir aquello que se reconoce como vida. Es decir, durante el desarrollo de su vida biológica el organismo atraviesa por etapas que identifico como “niveles de la existencia” pues cada uno de ellos representa un estado diferente en su condición biológica. El primer nivel sería el parasitario, esto es, feto, pulga, piojo, etc. que, alimentándose de otro ser puede sobrevivir y dar paso a una existencia más o menos aceptable. En paralelo, los parásitos académicos, serían aquellos que, alimentándose del trabajo intelectual de otros, pueden participar de la vida académica y, en consecuencia, existir académicamente; aquí también están los estudiantes que copian o usan “torpedos” en un examen. En el siguiente nivel se encuentran aquellos seres que han desarrollado algunos reflejos con los cuales pueden responder a las condiciones del medio ambiente; en la academia estos serían los seres que reaccionan automáticamente a las ofertas o exigencias del medio sin mediar mayor análisis sobre el asunto. Posteriormente tenemos el nivel de estímulo/respuesta en el cual el organismo responde a cierto estímulos del medio tales como sonidos, aromas, iluminación, es decir todo aquello que estimule los sentidos con los que logra percibir el estado del mundo interior y responder en consecuencia; académicamente aquí se encuentran los seres que responden a los incentivos, llámense remuneración por trabajo realizado, artículos isi, scielo y similares, jerarquización o categorización de posgrado o reconocimiento público, es decir, sin dicho estimulo estos seres no existirían (en este nivel también están los estudiantes que preguntan: “¿esto es con nota?”). Siguiendo su ciclo de desarrollo, el organismo que ya ha superado las etapas de parásito, reflejos y estimulo/respuesta, aparecen aquellos que alcanzan una semiconsciencia y logran identificar ciertas partes de su corporalidad (el bebé de tres meses no sabe que sus manos son suyas). Académicamente, los seres semiconscientes son aquellos que logran formar parte de un grupo, pero que no identifican su responsabilidad dentro del mismo, asumiendo una actitud pasiva esperando que le digan que hacer (el estudiante dice: “¿había prueba?”). Superando las etapas anteriores, el ser alcanza el nivel de consciencia que le permite identificarse frente a un espejo y reconocerse, esto es, se reconoce a sí mismo como un ser diferente de otro y, por lo tanto, capaz de responder por sus actos e ideas; aquí estarían los académicos o estudiantes que no necesitan del trabajo de otros para formar parte del medio. Más arriba, y superando los niveles anteriores gracias a la edad en la que se encuentra (bueno, la edad no es garantía), tenemos el nivel de autodeterminación, en el cual el organismo puede auto sustentarse y, actuando en autonomía, decide por sí mismo, qué comer, donde ir, con quien estar y que tipo de vida vivir. En este ultimo nivel se encuentran los académicos que han logrado desarrollar sus propias teorías, materiales o existenciales y, actuando en consecuencia, logran dar coherencia interna y externa a su existencia decidiendo que tipo de clase hacer y qué enseñar, pues no necesitan afirmarse en ideas ajenas para afirmar las propias. Por lo general, no siguen reglas ni caminos creados por otros, sino que más bien crean los propios asumiendo las consecuencias de las decisiones que toman, transformando y transformándose en la medida que evolucionan, intelectual y espiritualmente. Creo, según mis peregrinas y antojadizas observaciones, que existe un nivel que estaría más allá de la autodeterminación, reconocido como iluminación, seres que desprendiéndose de las vicisitudes de la vida humana (deseos, placeres terrenales, etc.) pueden alejarse y estar más allá, que trascienden la vida material, nivel que según mis datos solo han alcanzado Jesucristo y Buda. Pero, como diría un querido maestro ya retirado de estas lides, esos serían “otros quinientos”.