CONSIDERACIONES (crítico/pedagógicas) A LOS ESTANDARES DISCIPLINARIOS QUE EL MINEDUC HA ESTABLECIDO PARA LA EDUCACIÓN FÍSICA CHILENA

CONSIDERACIONES (crítico/pedagógicas) A LOS ESTANDARES DISCIPLINARIOS QUE EL MINEDUC HA ESTABLECIDO PARA LA EDUCACIÓN FÍSICA CHILENA

Primero que todo permítanme presentarme. Soy un profesor con más de 30 años de experiencia docente en las cuatro áreas fundamentales de la educación: infantil, básica, media y superior. Desde los años ‘80 hasta los días de hoy, pasando por infinitas unidades y experiencias, desde la más vulnerable hasta las de más alto padrón económico, tanto en Chile como en Brasil. Durante mucho tiempo, como profesor de Educación Física, pensé que mi función era enseñar deportes y que mis estudiantes tuvieran una buena condición física. Luego, la realidad circundante, con sus problemáticas sociales y afectivas me mostraron que mi preocupación debía ser mucho más profunda que enseñar a lanzar un balón o saltar y caer sobre una colchoneta. La pobreza, el abandono, la violencia, la risa de pocos y el llanto de muchos, el abuso de poder, la obligación por ser cada día mejor en lugares y tiempos que apenas alcanzaba para comer… todo ello, me hizo pensar que mi profesión, del modo como la había aprendido, no se sostenía ni material ni didácticamente para responder a dichas urgencias, es decir, ninguna materia aprendida presentaba un soporte teórico para enfrentar y ayudar a esas personas en particular, y no había una didáctica para la pobreza, material y espiritual. Entonces, fui en busca de saberes y conocimientos que me permitieran responder mejor a esas necesidades y las encontré en área de antropología, sociología y psicología del comportamiento animal y humano (etología, semiótica, lenguaje, etc.). precisamente huyendo de cualquier tipo de estándar que se me quisiera imponer, pues tenía claro que un estándar UNIFORMA el pensamiento y que un pensamiento uniformado siempre estará muy mal informado, especialmente si se trata de considerar una realidad creada socialmente. Por ello, vengo por medio de este manifiesto, a expresar mi opinión sobre los “estándares” que el MINEDUC establece para los docentes de nuestra área, y adjuntar un “estándar al pie” a cada uno desde lo que yo estimo debiera aparecer en el pensamiento y acción de un profesor de Educación Física, a la luz de los pensadores e investigadores, que hace un buen tiempo han venido llamando la atención sobre lo que un currículo significa para la cultura dominante y como este currículo puede ser utilizado para dominar a otros y evitar que esos otros tomen el control sobre sus propias vidas, desestimando cualquier “sugerencia” proveniente de quienes dominan el mercado de capitales. Finalmente, pido a mis estudiantes se rebelen frente a cualquier imposición que quiera dominar sus mentes y sus vidas y que lo que debiera primar, tanto en la formación como actuación profesional, debieran ser principios y valores, más que estándares que reducen la acción pedagógica a un medio instrumental de uso y abuso de poder. Invito, con respeto y seriedad, a leer los “estándares” y reflexionar sobre ellos, más allá del hecho de las materias que debemos saber y/o dominar. Un profesor-educador, no es un repetidor de información o adiestrador de mentes. Para ello no es necesario estudiar en una universidad, es más, ni siquiera es necesario estudiar, pues quien estudia un poco más de lo establecido, se da cuenta de los engaños y manipulaciones, y porque estudiar más de lo mismo no tiene sentido, contradiciendo el principio más básico de la educación con espíritu social: transformación.

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¿PARA QUÉ EVALUAMOS?

¿PARA QUÉ EVALUAMOS?

 

Parto diciendo que, si no se toman decisiones a la luz de los resultados de una evaluación, dicha evaluación no tiene ningún sentido. Evaluar es un proceso biológico (calificar es cultural) que, el cuerpo humano y más específicamente la mente, utiliza para tomar decisiones. Esto es, cuando Ud. Necesita cruzar una calle mira hacia ambos lados, mira el semáforo, la velocidad de los vehículos, la distancia que hay hacia lo otra vereda, etc. Todo ello forma parte de un proceso de evaluación interna que lo llevará a tomar una decisión: cruzar la calle o no. Muchos accidentes son producto de malas decisiones previo una pésima evaluación. Los procesos fisiológicos de nuestra anatomía constantemente están evaluando cada uno de los funcionamientos de los órganos internos. Y cuando observa algún desajuste, evalúa las condiciones y toma una decisión: aumentar los latidos del corazón para, a la vez, aumentar la cantidad de sangre que el cuerpo necesita en alguna parte especifica. Ahora, ¿Cuántas evaluaciones realizamos en el medio escolar sin tomar ninguna decisión después de ver los resultados y seguimos evaluando sin importar las consecuencias? Resumen: cuando no se toman decisiones la evaluación que realizamos fue un simple protocolo para cumplir con las normas que el sistema solicita, por lo tanto, esta no tendrá ningún efecto sobre los aprendizajes de quienes fueron evaluados. Por otra parte, existe una intencionalidad en los sistemas de calificación (test, pruebas, certámenes, interrogaciones, disertaciones), incluso con cierto aroma a maldad, una tendencia a averiguar qué fue lo que el alumno NO aprendió; si esa es su intención al evaluar créame que las decisiones que tomará serán hechas sobre la base de una falsa premisa: que los alumnos no aprendieron o no alcanzaron los objetivos. Es tan así, que muchos estudiantes, cuando estudian, están más preocupados de que aspectos de la materia entrarán en la materia más de lo que están aprendiendo. Incluso la pregunta “Profesor, ¿esto es con nota?” indica que la centro no es el aprendizaje, sino la calificación. Esto interpela al pedagogo a crear formas y métodos que cambien el centro de preocupación, de la nota al aprendizaje. Por ello conviene, de vez en cuando, crear sistemas de evaluación que permitan averiguar qué es lo que sí han aprendido y una forma de hacerlo es entregar una hoja en blanco y dejar que los estudiantes decidan como responder al desafío: “Escriba, grafique o describa lo que ha aprendido en esta clase o materia”. Es evidente que no todos responderán de la misma manera, pero todos responderán algo y ese algo es el aprendizaje de ese alumno. Ahora, el profesor deberá determinar, sobre la base de los resultados particulares y generales, que decisiones debe tomar para retroalimentar o decidir si lo fundamental está aprendido y que el objetivo se ha alcanzado. Por otra parte, es bueno recordar que el proceso de enseñanza/aprendizaje necesita de tiempos y espacios que inviten a la reflexión, evitando ambientes tensos y con aroma a castigo. Evaluar es necesario, pero su justificación se basa en la toma de decisiones. No tomar decisiones contradice todo proceso de evaluación. Un proceso que de todas maneras ocurrirá, estemos conscientes de ello o no, pero estar conscientes de dicho proceso evitará accidentes y resultados negativos de aprendizaje.