EL mito de la competición

EL mito de la competición

Aun no encontramos la forma de vivir en sociedad que no sea compitiendo…o quizá sabemos, pero el orgullo y la vanidad no nos dejan. Buscamos ser mejores sin darnos cuenta que para ello no necesitamos ganarle a nadie. Bueno, algunos puede que necesiten ganarle a otro para sentir que han ganado algo. Ya la vida en sí misma es una gran faena como para sentirse ganador al despertar cada mañana… pero claro, a veces ya se es demasiado viejo para darse cuenta de eso y aprender a disfrutar de las cosas simples de la vida…como la compañía de un amigo o la pareja o la efervescente sonrisa de un niño. El asunto se torna más complejo cuando, entre tanta contradicción conceptual, a los niños y niñas se les pide que sean cooperativos, que compartan con sus compañeros, mientras se les evalúa individualmente y se les motiva, precisamente, a ser mejores que el otro (¿?). Los premios a fin de año son para los que se han ganado un puesto entre las mejores calificaciones, el mejor compañero, la más brillante, a la usanza del “citius, altius, fortius” griego. Buscamos como destacar a quien se alza por sobre los demás, nada malo habría en ello si se considerara que no todos poseen ni las mismas oportunidades ni las mismas condiciones para competir. El mundo, la vida, es decididamente injusta al respecto. Empecé a competir (atletismo) cuando tenía unos 12 años más o menos, más bien me llevaron a competir, alguien me vio correr en la calle y pensó que yo podría ganarle a alguien en una pista. Lo que nadie podía saber, ni yo mismo sabia, es que cuando corría en la calle era por pura y efervescente diversión, la pista de recortan no me causaba ninguna gracia. (admiro y respeto que a otro si) Me hicieron competir hasta más o menos los 20 años cuando conocí la GRF (interesados al respecto de que es la GRF buscar en:  https://luislinzmayer.com), una forma de aprender divirtiéndose y aun sin competir, sudando mucho. Dejé el atletismo, regalé mis tres medallas, dejé todo deporte competitivo y me puse a descubrir que había en aquellas actividades humanas que no formaban parte del mundo competitivo. Uno de los descubrimientos fue que compitas o no, si quieres algo bueno en tu vida, debes trabajar duro, la única diferencia es que no te darán un premio por eso. Hemos sido tan ciegos respecto de la competición que no observamos que es un mito. Es decir, podemos ser tan libres o soberanos compitamos o no. Y, como buen mito, algunos creen en el como la única alternativa de superación, de ser alguien, de alcanzar la inmortalidad. Nos hemos contaminado de tal manera que ya se naturalizó (en todos los idiomas) la expresión “gobierno y oposición” (¿cómo sería si el lenguaje, creador de realidades, expresase: “gobierno y colaboración”?) Queda mucho espacio en la colaboración como para que los méritos se los lleve cualquiera, y es a lo que le temen los que no sabes perder. Pero si reducimos la vida a los actos de ganar y perder, no podremos visualizar los aprendizajes que hay en medio, entre la vida y la muerte, especialmente si vemos la muerte como un acto de perdida. Nada hay más allá de aquello que connotamos como “victoria”, ni nada menos acá de aquello que llamamos “derrota”, es decir, la vida sigue, igual, mejor o peor que antes, todo es cuestión de perspectiva, como las expresiones escritas en este pequeño ensayo, eso nada más… una simple y llana perspectiva de alguien que eligió no competir para ser algo o alguien en la vida.

 

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A propósito de este asunto…

A propósito de este asunto…

En este estado de cosas en las que el abuso y la violencia ya comienzan a formar parte del paisaje cotidiano, especialmente hacia la mujer y los niños (no digamos que es un paisaje desconocido, lo que pasa es que ahora hay medios para enterarse, pero este abuso es ancestral, endémico y de raíz patriarcal), me nacen algunas cuestiones que busco resolver y que, de paso, invito a los lectores a colaborar con posibles respuestas. ¿Cómo aprende el ser humano a hacer diferencias de género? ¿Cómo aprende la idea que un género es más importante o más fuerte que el otro? Y, contrariamente, ¿cómo podría aprender que, si hay diferencias, estas son necesarias para la evolución y mantención de la especie humana? ¿cómo enseñarle a un niño o niña que, precisamente, lo que nos hace humanos son esas diferencias? ¿por qué algunas personas connotan como algo malo la igualdad de trato? Convengamos que si bien no es necesaria la igualdad de género (biológicamente imposible y culturalmente aberrante), sí debería existir la igualdad de trato. Y, ¿qué es una igualdad de trato? ¿cómo se manifiesta esa igualdad de trato en el día a día? Me parece que cuando separamos niños y niñas en las clases de Educación Física estamos incentivando la desigualdad, pues da la impresión que tal separación obedece a la creencia de que existen contenidos o actividades exclusivamente “femeninas” y otras exclusivamente “masculinas”. Yo pienso que los separan para comodidad de los profesores, pues, por cierto, es complejo educar damas y varones juntos en la dinámica del movimiento o la acción motriz, porque seguramente las damas elegirán actividades diferentes a los varones. Y es muy posible que así sea, pero nuestra función educadora es, precisamente, educar en la diversidad, con la diversidad y para la diversidad. Para educar en la homogeneidad no es necesario poseer un título profesional. Somos diferentes, pero no para ser tratados en forma diferente, si en forma diferenciada. Y esto puede regularse con las exigencias de una misma tarea. Es decir, la terea puede ser la misma, pero realizada en forma diferente y diferenciada, pues no todos podrán resolverla de la misma forma, y no solamente por alguna cualidad especial, sino porque algunos son más creativos o autoexigentes. Toda vez que hacemos, intencionadamente o no, algún tipo de diferencia (social, intelectual, física, afectiva, motriz, etc.), lo que hacemos es una discriminación que solo deja feliz a quien la aplica, pero aquel que se siente o es derechamente discriminado por ser diferente, solo siente dolor y poco a poco va generando resentimiento en relación a esa diferencia. Me parece que, dentro de las pedagogías, la Educación Física tiene grandes posibilidades de ayudar a disminuir estas escalada de violencia y agresión, claro que para ello es necesario un cambio de paradigma, tanto en la formación como en la actuación profesional, pues el paradigma actual (deportivo-competitivo) es el fiel reflejo de una cultura patriarcal que basa sus acciones en la búsqueda de poder y control, dividiendo a los seres humanos en ganadores y perdedores, fuertes y débiles, lentos y rápidos, gordos y flacos, titulares y banca, etc. También claro, algunos justificarán todo ello como natural y necesario. Lo que no dicen es que es natural y necesario para sus propios intereses y no hay mayor interés, para algunos, que mantener las cosas tal cual están porque les es conveniente y necesario.

Cultura Corporal y Niveles de Complejidad e Impacto del proceso enseñanza-aprendizaje

DestacadoCultura Corporal y Niveles de Complejidad e Impacto del proceso enseñanza-aprendizaje

            Estos niveles implican diferentes etapas de desarrollo que puede alcanzar el proceso de enseñanza y aprendizaje, considerando la utilización de la cultura corporal del individuo.  Informativo, significativo, relevante y trascendente.

 

1.- Nivel de complejidad e impacto informativo

Según Perrenoud, (2001, p.28), la información es exterior al sujeto y de orden social; el conocimiento es integrado al sujeto y de orden personal; el saber es la alianza entre los dos polos. El saber se construye en la interacción entre el conocimiento e información, entre el sujeto y ambiente, en la mediación y a través de ella. Considerando esto es que podemos darnos cuenta que todos los profesores ‘informamos’ alguna cosa. De hecho, sabemos que la palabra profesor proviene del acto de profesar que a su vez hace alusión al acto de hablar en público, es decir, toda persona que realiza declamaciones públicas podría ser considerada profesor. Pero también las palabras contienen un sentido sociohistórico, o más bien, están imbuidas de los procesos sociales, y van adquiriendo los matices de quienes las pronuncian y representan un significado más allá de la etimología. Por ello, se espera del profesor algo más que información. En este nivel se asume la función de un periódico o como lo haría una emisora de noticias, transmitiendo a los estudiantes una gran cantidad de información que muy probablemente será olvidada tan pronto acabe la clase. El alumno no encuentra relación entre aquello que se le informa y las cosas que están sucediendo en su vida. Si el saber se construye en la interacción entre la información y el conocimiento, entre el sujeto y el ambiente, los procesos de aprendizaje en las clases de Educación Física obligan al profesor a crear dichos ambientes en el sentido que, si se entrega una información, esta debe procesarse de inmediato en un ambiente en el que se represente dicha información. Esto exige crear metodologías participativas, innovadoras y contextualizadas. Asimismo, en este nivel, el alumno no consigue hacer relaciones entre las diferentes materias, ya que muchas de esas materias se “encierran” en sus disciplinas y los profesores no planifican en conjunto, interdisciplinarmente. Y si el estudiante no es capaz de crear relaciones entre distintos conceptos, no podrá comprender el fenómeno en su totalidad. Este es el nivel de las metodologías discursivas, frontales y verticales, dando poca o ninguna importancia a las inquietudes de los estudiantes. Se podría decir que el nivel informativo es el nivel de impacto más básico del aprendizaje, y muchos, sea por la falta de estímulo o por la ausencia de un profesor creativo y crítico, se quedan en este nivel para siempre. Comprender la dinámica pedagógica en el nivel de información no es complejo. En el caso de la Educación Física, el profesor muestra ejercicios que los alumnos reproducen sin analizar o cuestionar los significados. Una serie de “técnicas correctas”, que los alumnos deben ejecutar y acercarse lo mejor que puedan al “modelo” para obtener una buena calificación. En general, el contenido es el mismo siempre y coincide con lo que el profesor más domina. Esta es la Educación Física militarista, del hacer sin reflexionar sobre ese hacer. En este nivel lo que importa es lo que se enseña, no lo que se aprende. Se dificulta entender para qué se hace lo que se hace y la forma en que se hace. El hacer se aleja del comprender. Y si los alumnos no hacen preguntas mucho mejor. En este nivel se desestima lo que el estudiante trae como conocimiento previo, su cultura y forma del ver el mundo. Se le trata como un objeto que debe “contener” la información que se le entrega y luego “reproducirla” sobre una hoja de papel o una cancha de gimnasio. Lo que prevalece es la re-producción de patrones pre-establecidos, de conductas aprendidas por otros en otros contextos, donde la persona tiene escasas posibilidades de reconocerse como transformador del mundo.

 

2.- Nivel de complejidad e impacto significativo

El aprendizaje significativo es más que una acumulación de hechos, que provoca una modificación en el individuo sea en el comportamiento, en una acción futura, en sus actitudes o en su personalidad. Colocado en palabras de Carl Rogers (1982, p.258): Es un aprendizaje penetrante, que no se limita a un aumento de conocimientos, pero que penetra profundamente todas las dimensiones de su existencia. Obviamente, para que el aprendizaje sea significativo, la enseñanza debe ser también significativa. Entonces, ¿cuál es la enseñanza significativa? Es aquella que “significa” alguna cosa para el alumno. ¿Será que la “voltereta” y la “invertida” significan algo para nuestros alumnos? Lo significativo está directamente relacionado con los intereses de los participantes del proceso de aprendizaje, con su cotidiano, sus preocupaciones, su deseo de encontrar sentido en todo lo que hacen o no hacen. En este nivel, la Educación Física puede ayudar considerando la cultura corporal propia de cada edad y grupo social, las prácticas corporales que identifican a un grupo o sociedad. Es decir, la enseñanza es significativa para el alumno cuando el contenido “habla con él y de él”, esto es, comienza a comprender las relaciones que hay entre lo que él y sus contemporáneos hacen y las otras expresiones culturales. Aquí estamos en el nivel en el cual el alumno entiende, orientado por su profesor, el porqué de un contenido. Esto implica considerar el dominio conceptual y no el domino técnico como eje del proceso pedagógico (Pérez Gallardo & Linzmayer, 2013). Si bien el profesor es responsable de la socialización de contenidos validados en planes y programas de estudio, su responsabilidad pedagógica está en saber reconocer lo que es propio de cada edad considerando el medio socio-cultural en la cual está inserto el sujeto que aprende. Es decir, el aprendizaje alcanza el nivel de complejidad e impacto significativo cuando el profesor ha conseguido problematizar dicho conocimiento colocando al alumno frente a sí mismo y su circunstancia.

 

3.- Nivel de complejidad e impacto relevante

En este nivel es importante establecer la diferencia que existe entre orientar y dirigir en los procesos educativos, ya que dirigir hace alusión al acto de tomar el volante de un automóvil para llevarlo donde nosotros queremos que vaya. El niño o niña, el adolescente, no es un automóvil. Las personas deben ser orientadas, no dirigidas, para tomar en algún momento de sus vidas, sus propias decisiones. La diferencia entre dirigir y orientar está en el hecho de que en el acto de dirigir existe una manipulación directa y forzada de las respuestas de los alumnos, en cuanto que, en la orientación, el profesor sólo ofrece posibilidades, caminos, dejando al alumno elegir entre esas posibilidades la que más responda o se coordine con sus características y circunstancias. Una de las principales diferencias es la presencia del profesor sin prejuicios e intentando humanizar los problemas que se presentan, en el sentido de mantener un equilibrio entre lo que los estudiantes pueden, deben o quieren hacer. Se debe intentar ir más allá de la individualidad en razón de una sociedad que respete y acepte las diferencias, ya que si existe algo que nos hace iguales como humanos es precisamente el hecho de ser diferentes. Según De Masi (2003, p.131): el gran desafío con el cual la psicología se depara desde que nació consiste en comprender y explicar la normalidad de la diferencia: por qué el cambio es incesante; por qué los sistemas sociales, aun cuando se alteren continuamente, consiguen conservar la propia identidad; por qué el entrelazamiento siempre diverso de factores siempre iguales es capaz de producir resultados que son iguales y diferentes al mismo tiempo. Siguiendo la línea de raciocinio de De Masi, en este nivel una de las funciones del profesor es problematizar el proceso de aprendizaje colocando al alumno y alumna frente a su existencia sociocultural, como individuo y persona que puede y debe contribuir con cambios que permitan la formación humana necesaria para generar ambientes en los cuales sea posible respetar las diferencias en paz y libertad. También en este nivel comienza un desarrollo más abierto de la autonomía, ya que para que la enseñanza sea relevante, debe existir la libertad suficiente y necesaria para construir respuestas propias e innovadoras, en la creación de grupos de interés. El profesor, junto a sus estudiantes, establece los criterios necesarios, actividades y metodologías, que permitan un desarrollo autónomo, tanto individual como grupalmente. Cuando el alumno comienza a tomar decisiones que implican evaluar y determinar lo que es mejor para él y para su grupo, el proceso de enseñanza aprendizaje comienza a ser relevante. El nivel relevante considera el contexto socio-histórico en el cual sucede el proceso. Nada de “memorizar”, mucho para relacionar. ¿Qué tiene de común algunos de los principios de Newton y los contenidos de la Educación Física? ¿Será que podemos encontrar una relación entre el fútbol y los problemas de desigualdad social? ¿Cómo creamos nuestra concepción de país? ¿Cuál es la cosmovisión de los involucrados y como esta cosmovisión se conjuga con los otros seres de la naturaleza? Un proceso de enseñanza-aprendizaje relevante significa darle sentido a una serie de contenidos supuestamente inconexos, pero, sobre todo, llevar al alumno a cuestionarse sobre el propio conocimiento y determinar los rangos de diferenciación entre saber y conocer. Tan importante como jugar fútbol es comprender cómo se manifiesta ese deporte en la sociedad y lo que representa para las diferentes culturas. Aprender a leer “entre líneas”, descifrar que quieren decir algunas propagandas con determinados mensajes. Comprender lo qué hay detrás de los intereses de la publicidad. Las músicas, las obras de teatro, los discursos políticos, las demandas sociales, entre otros fenómenos. Este es el nivel en el cual se estimula el pensamiento y la actitud crítica. Desde el punto de vista pedagógico podemos utilizar aquí lo que Schönardie (2001) propone como evaluación por compromiso, queriendo decir que el valor pedagógico está en el compromiso que el alumno adquiere con su propio aprendizaje, comprometiéndose, junto a su profesor, a responder a los acuerdos tomados. Aquí se espera que el alumno haya comprendido no sólo el por qué sino también el para qué de las cosas, cuáles son las relaciones conceptuales entre diferentes fenómenos de la naturaleza y la cultura. En el caso de la Educación Física escolar, además del dominio conceptual, el alumno podrá manifestar preocupación e interés por ayudar a su comunidad escolar o donde vive. De ahí la importancia de aprovechar el espacio extra-escolar para crear y administrar grupos de intereses diversos. Por ello podemos decir que la Educación Física, diferente de otras disciplinas del currículo escolar, tiene más posibilidades de alcanzar y desarrollar este nivel de complejidad e impacto, porque va más allá de la sala de clases. Es importante recordar aquí lo que nos dice Morín, en razón de lo humano del humano, indicando que lo que agrava la dificultad de conocer nuestro mundo es el modo de pensamiento que se ha atrofiado en nosotros, en vez de desarrollarla, la aptitud de contextualizar y globalizar las dinámicas relacionales humanas, materiales y espirituales, individuales y sociales. Estar en el nivel de complejidad e impacto relevante, exige una lectura del bosque sin perder de vista cada uno de los árboles que lo componen.

 

4.- Nivel de complejidad e impacto trascendente

Uno de los problemas que se presentan en los procesos educativos escolares es que nosotros, educadores, trabajamos con y en el conflicto humano de dar sentido a la existencia como seres vivos pertenecientes a un macro sistema en constante evolución. En dicha perspectiva, la Educación Física adquiere una especial relevancia en el desarrollo de una actitud positiva y afectiva frente a los acontecimientos diarios, que permita al individuo moverse con éxito por las diversas circunstancias de la vida. Nuestra existencia se manifiesta a través de una presencia física en el mundo, que nos define como individuos y seres humanos que pertenecen a un momento histórico especifico, vivenciado en una realidad socio cultural particular.

¿Qué significa trascender en el proceso de aprendizaje? Significa que el alumno comprende que su individualidad, su existencia, se manifiesta a través de los otros, esto es, se observa y refleja en los otros y, junto a otros, vislumbra el sentido de su vida, los necesita y lo necesitan. El conocimiento trasciende desde el sujeto hacia algo fuera de él, se eleva en busca de otros horizontes, sobrepasa los límites de la experiencia material buscando realizarse como persona consciente de su entorno y de las variables que afectan el comportamiento humano, tanto individual como social. Significa, además, el pasaje o transición del alumno hacia un parámetro más allá de sus propios intereses, vinculando su individualidad a un proceso social, que le permite superar sus propios límites para auto determinarse, realizando elecciones en libertad de consciencia. La existencia individual se transforma en existencia social, comprendiendo y aceptando una determinada pertenencia socio cultural, manifestando un compromiso con los valores de esa sociedad históricamente situada. Esto tiene relación con la búsqueda de la felicidad y autorrealización del individuo. Equilibrio entre ser, tener, pensar, sentir, saber, hacer y estar, lo que será posible en la medida que el educador lleva a los alumnos a cuestionarse frente a los acontecimientos cotidianos, propios y ajenos, estimulando la empatía y la alteridad, considerando las características individuales y contextualizando el proceso pedagógico. Pero, sobre todo, considerando las experiencias que el niño, el joven y el adulto traen cuando llegan a la escuela, reconociéndolos como sujetos portadores de conocimiento. (Neira y Nunes, 2006). Todo esto sin la necesidad de generar comparaciones y sin necesidad de competir. Es aquí donde se puede vivenciar la cultura matríztica de la que habla Maturana (2007), ya que el trabajo comunitario lleva a la persona a considerar que no hay espacio ni oportunidad para las luchas de poder. Es la cooperación celular para dar vida al organismo completo y complejo. Dar a los alumnos y alumnas la posibilidad de construir sus propias respuestas, dando a entender que el conocimiento sin valores ni sentimientos, puede ser peligroso para toda la humanidad, (de la misma forma como puede ser peligroso el sentimentalismo sin conocimiento), una vez que somos producto de la historia al mismo tiempo en que la creamos. Esto, evidentemente, nos lleva a considerar discusiones de orden ético, observando y reconociendo que estar en el mundo nos obliga a tomar posición frente a determinados temas y situaciones que afectan a la humanidad, y, responder a las demandas provenientes de tales fenómenos con una actitud coherente y consecuente. En este nivel se produce la lectura de los códigos simbólicos, traduciendo los mensajes a las vivencias propias de los alumnos, buscando en dichas conexiones un nuevo conocimiento, generando la comunicación entre los sujetos y el fenómeno, entre el fenómeno y las distintas realidades. El aprendizaje trascendente nos lleva por el camino de la creatividad y la crítica constructiva en razón de una ciudadanía responsable y soberana. Esto es particularmente importante puesto que: el desarrollo de la criticidad, es indispensable para la capacidad de elecciones conscientes y, por consecuencia, para la asunción de la ciudadanía. Sin embargo, es preciso recordar que la criticidad por sí sola no basta para el ejercicio pleno de la ciudadanía. Tan importante como la criticidad es la creatividad, segundo movimiento, que reconstruye después de la desconstrucción. (Neira y Nunes, 2006, p.279). El profesor habrá conseguido integrar los aprendizajes a situaciones específicas, cuando las actividades expresen los intereses de los estudiantes y se extrapolen a la comunidad. Aquí se concretiza la responsabilidad social y la clase va más allá de la escuela. Los alumnos y alumnas entienden que no hay aprendizaje sin conexión con el contexto o con sus realidades sociales; que la responsabilidad social es consecuencia de un aprendizaje significativo y que la trascendencia se da en la medida en que respondemos éticamente a dicha responsabilidad. Es en este nivel en que los alumnos y alumnas se sienten importantes y responsables por los cambios que puedan producir en la sociedad. Constructores de su propia historia y actores de sus propias decisiones, los estudiantes, en este nivel, adquieren el protagonismo de sus propios aprendizajes, equilibrando sus intereses personales con las necesidades sociales de su comunidad.

Publicado en Revista Internacional de Pedagogía y Currículo
Volumen 3, Nº 1. 2016
ISSN 2386-7574

 

Gimnasia Rítmica Formativa

Para comprender el surgimiento, desarrollo y evolución de la Gimnasia Rítmica Formativa (GRF), es necesario remontarse a los orígenes de la Carrera de Educación Física en la entonces Universidad de Chile, Sede Osorno, Décima Región de Los Lagos, en el año 1972.

El profesor de Educación Física Jorge Sergio Pérez Gallardo, fundador de dicha Carrera, preocupado por la precaria y mediocre actuación profesional de los profesores de Educación Física en la región de Los Lagos de aquel entonces,  comenzó a estudiar y desarrollar un método de gimnasia que tanto profesores como alumnos de las escuelas pudieran aprender y aplicar con cierta facilidad y que, sobre todo, no significara para los colegios una gran inversión económica en su aplicación.

A partir del año 1976 el Grupo de Gimnasia Rítmica Formativa de la Universidad, integrada sólo por varones, comenzó una gran difusión dentro y fuera de Chile, causando gran impacto en sus presentaciones llevando la GRF a posicionarse como una línea de gimnasia que llamaba la atención por su alegría, creatividad, música y utilización de implementos no tradicionales tales como: toallas, neumáticos, postes de madera, bastones de coligue, bandas elásticas, entre otros.

El profesor Pérez Gallardo había conseguido fusionar la Gimnasia Natural, Gimnasia Construida y algunos elementos de expresión corporal utilizados en el teatro y las danzas. En resumen se trataba de coreografías que al compás de distintos ritmos musicales propios de la época, tanto popular como folklórica, representaban ideas, emociones, mensajes, y distintas formas de utilizar los elementos de la GRF.

Cabe destacar que hasta ese entonces el “físico” de Osorno era el único que se dedicaba a desarrollar esta modalidad gimnástica, discutiéndose en lo académico su falta de fundamentación pedagógica, dada la falta de investigaciones en el campo de la gimnasia escolar en nuestro país.

Las investigaciones se producían en la sala de clase con los propios alumnos del “físico”, en la Cátedra de Gimnasia y en las horas de práctica del Grupo de Gimnasia Rítmica Formativa (varones). Este grupo, formado por alumnos de la universidad, dedicaba parte de su tiempo libre a investigar y crear coreografías basadas en los contenidos de la Gimnasia Natural, Gimnasia Construida y elementos de las Artes tales como, música, expresión corporal, teatro, artes plásticas,  utilizando para ello implementos no tradicionales tales como toallas, bancas suecas, cajas de bebidas, bandas elásticas, sacos, bastones de coligue, neumáticos, entre otros.

Por otro lado, algunos académicos manifestaban su desconfianza frente a esta nueva modalidad que aparecía como fenómeno innovador en la Educación Física. Estos académicos acostumbraban a decir que la GRF no poseía fundamentos pedagógicos ni científicos como para justificar su inclusión en el currículo de formación de profesores, y que, más parecía un ‘circo’ que un modelo pedagógico para el desarrollo de las cualidades motrices, sociales y afectivas del ser humano. Al respecto, era interesante escuchar la respuesta del profesor Pérez Gallardo: “no importa que le llamen circo…  prefiero el circo a lo que existe en las escuelas como Educación Física”.

Más interesante suena hoy el hecho de que en la actualidad el circo, con casi todos sus componentes y características, se está transformando en un elemento de estudio y aplicación pedagógica para el desarrollo de contenidos en la clase de Educación Física. En el caso de Brasil,  la Facultad de Educación Física de la Universidad Estatal de Campinas, UNICAMP, ya posee estudios de pre y posgrado en el área circense.

Y fue precisamente en esta Facultad de Educación Física que el profesor Dr. Jorge Sergio Pérez Gallardo logró desarrollar y crear los fundamentos de esta gimnasia que hoy, 30 años después, se ha consolidado como Línea Gimnástica y que es representada en la actualidad como Gimnasia General, especialmente en Brasil, participando de cinco Gymnastradas Mundiales (Berlín, 1995; Gotemburgo, 1999; Lisboa, 2003, Dürhein, Austria, 2007, Suiza 2011),  junto al Grupo de Gimnasia General (GGU) de la Facultad de Educación Física de la Universidad Estatal de Campinas, San Paulo.

Retornando a los orígenes de la GRF, es de conocimiento público que en los años ‘80 la Universidad de Chile se desprende de sus sedes y muchas de ellas pasan a transformarse en Institutos Profesionales. En enero de 1983, el profesor Pérez Gallardo es invitado a dictar un módulo en un curso de especialización en Educación Física, organizado por la Universidad de Playa Ancha en la Universidad Federico Santa María, para profesores de la región, donde después de ello fue convidado a formar parte del cuerpo docente de la Carrera de Educación Física en Valparaíso, actual UPLA, donde también la GRF tuvo una gran aceptación, tanto al interior de la Universidad como en la comunidad a través de los cursos de capacitación dictados a los profesores de la región.

Posteriormente, en el año 1985, el docente Pérez Gallardo debe abandonar el país para realizar estudios de postgrado en Brasil. Desgraciadamente, motivos profesionales, personales y políticos, hicieron imposible su retorno a Chile, perdiéndose la posibilidad de continuar el desarrollo de la Gimnasia Rítmica Formativa, especialmente en la formación de profesores de Educación Física en nuestro país.

En el año 1984 se funda el Club Ketrahue (Lugar de Siembra), grupo integrado por alumnos de Educación Superior y Enseñanza Media que se dedica a recuperar y dar continuidad a las ideas del profesor Pérez Gallardo. El grupo es dirigido por el profesor de Educación Física Luis Bórquez Calbucura, egresado de la Universidad de Chile, Osorno.

Dicho grupo alcanzó notoriedad internacional, participando de eventos de gimnasia en Argentina y Brasil. Lamentablemente ese grupo también dejó de existir y las posibilidades de continuar la difusión e investigación de la Gimnasia Rítmica Formativa se volvían a perder.

Para quienes tuvimos la suerte de participar de esta modalidad físico-educativa, sabemos que fuimos y somos parte de un conocimiento que nos ayudó grandemente en nuestro quehacer pedagógico en escuelas y liceos, sobre todo en aquellos que no contaban con una infraestructura o medios materiales para desarrollar clases de Educación Física de calidad.

Por tal motivo, hoy, después de muchos años de trayectoria de la GRF y de investigaciones realizadas por el profesor Dr. Jorge Pérez G., creemos necesario retomar y difundir esta modalidad gimnástica en beneficio de todos los profesores y escolares de nuestro país, especialmente para las Escuelas de Educación Física que forman docentes en esta área.

Capacidades y habilidades motoras

Las capacidades físicas, fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad son reconocidas como el potencial biológico que nos caracteriza como especie y que utilizamos para el desarrollo de las habilidades motoras (reptar, gatear, caminar, correr, empujar, traccionar, cargar/transportar, subir/bajar, saltar/caer, lanzar/recibir y que forman parte de la filogénesis del ser humano.

Formación Humana

Todo proceso pedagogico que se desarrolle en el medio escolar debe tener como foco la formación humana, por sobre la capacitación, pues esta formación humana tiene que ver con valores y principios de convivencia humana en una sociocultura determinada. Esto significa que el profesor debe priorizar las comportamientos de colaboración e inclusión, disminuyendo los de exclusión y competición, implicando a sus vez la consideración de la cultura corporal patrimonial del estudiante.

Hablando de Educación Física

Para hablar de Educación Física, primero hay que hablar de Educación.

Para hablar de Educación, primero hay que hablar de sociedad.

Y, si hablamos de sociedad, hay que hablar de cultura.

Y, si hablamos de cultura, hay que hablar de mundo.

Y, si hablamos de mundo, hay que hablar de vida.

Y, si hablamos de vida, hay que hablar de existencia.

Y, si hablamos de existencia, hay que hablar de sentido.

Y, si hablamos de sentido, hay que hablar de significados.

Y, si hablamos de significados, hay que hablar de lenguaje.

Y, si hablamos de lenguaje, hay que hablar de emociones.

Y, si hablamos de emociones, hay que hablar de naturaleza.

Y, si hablamos de naturaleza, hay que hablar de evolución.

Y, si hablamos de evolución nos daremos cuenta que si algo no ha evolucionado, es, precisamente, la Educación Física.