La dignidad de la Educación Física

Ser digno es ser merecedor de algo, especialmente de respeto. Algo que se supone es un derecho de la persona. La dignidad es lo que nos permite enfrentar las situaciones más complejas, con la frente en alto, sentirnos orgullosos por la terea realizada o por los objetivos alcanzados. Escribo esto porque hace algunos días, supervisando prácticas profesionales de futuros profesores de Educación Física pude constatar lo que hace muchos años se viene repitiendo y quizá empeorando: la dignidad de la Educación Física. En algunas escuelas y/o liceos nunca han tenido un gimnasio, un lugar decente donde realizar una clase digna. En otros lugares, dos profesores deben repartirse el poco espacio con el que cuentan. ¿Ha visto Ud. alguna vez dos profesores de matemática haciendo clases en la misma sala al mismo tiempo? ¡Claro que no! Eso sólo les pasa a los profesores de Educación Física. Por la “sala” de Educación Física pueden ir y venir las situaciones más insólitas mientras el profesor intenta enseñar algo. Obvio, es el único profesional que trabaja en un patio que sirve para todo. Quizá sea esta una de las razones por las cuales vemos las mismas actividades todos los años. Deprime trabajar en esas condiciones, ofreciendo a los alumnos entretención más que educación. En un liceo que tuve la oportunidad de visitar, el profesor y los estudiantes pierden 20 minutos caminando desde el camarín hasta el lugar (sitio eriazo) donde realizarán la clase. Otros, utilizan las cuatro cuadras que rodean el colegio para “evaluar” a sus alumnos. Esta es la realidad de muchos establecimientos de nuestro país, generalmente municipales, en los cuales el Estado ha dejado de invertir, en los cuales los profesores envejecen y mueren esperando mejores condiciones de trabajo. ¿Cómo se le puede exigir rendimiento académico a un profesional que trabaja en condiciones indignas? Quién ha estado ahí, trabajando años soportando el frio y la lluvia o el extenuante calor, pasando de una enfermedad a otra, difícilmente encuentra una motivación para intentar ser el mejor en su área. Se termina haciendo lo que se puede, más que lo que se debe, porque lo que se quiere debe esperar por algún milagro del destino.